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El extraño caso de un Cristiano


Guillermo Ávila (guillermo.avila@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Olvidémonos del congelamiento gubernamental al alza de la gasolina, o del debate a las reformas electorales con grescas en la Asamblea o las ventas de terrenos a precios inflados. Vamos a lo que 'importa' y ha trascendido esta semana: “Estoy triste”.

Con esas palabras, un cabizbajo Cristiano Ronaldo –sí, el goleador del Real Madrid, el novio de la modelo más codiciada del mundo, uno de los futbolistas más ricos y, según él, un guapo que todos envidian– reiteró sentirse “triste”, eso luego de no celebrar dos tantos de su club hace una semana. Pero, al parecer –aún nadie lo sabe con certeza– hay una razón: Lionel Messi.

En la historia popular han habido casos. Una vez John Lennon le confesó a su esposa Yoko Ono, que no entendía por qué McCartney (su exsocio en The Beatles) tenía más dinero que él, por qué se había adelantado en anunciar el fin de la banda más famosa y por qué los medios le dieron tanta cobertura por un arresto con drogas.

En el arte, el asunto también genera revuelo. Cuando el pintor francés Henri Matisse decide cambiar e innovar las coloridas paletas por ingeniosos recortes, Picasso, dizque su amigo y precursor de técnicas revolucionarias, opta por quitarle el saludo.

En la tecnología, Bill Gates hacía y hacía crecer sus activos a base de Microsoft, mientras se retorcía cada vez que le nombraban aquellas innovaciones ‘cool’ y rentables de un tal Steve Jobs en Apple.

Hoy, lo que algunos especialistas denominan 'cultura híbrida', esa en que los jóvenes de diversos continentes lucen igual, hablan igual, poseen los mismos gustos y cuyo fin es hacer fama y dinero rápido, parece imponerse. Y Cristiano, de alguna forma, es emblema en ello. El narcisismo, Messi juega con la mentalidad de equipo de trabajo mientras Cristiano para sí mismo; el talento, Messi ha ganado galardones al mejor jugador del mundo, mientras CR-7 muerde el polvo de segundos lugares, y la modestia, bueno... Messi es argentino, pero algo tímido, mientras que el portugués aún cree que todo lo puede una billetera.