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El factor moral

Por: Redacción 22/07/2015

A poco de que nos adentremos en el mundo, observaremos que el aluvión de injusticias sociales nos dejan sin aire, así como la corrupción política que sufren todos los pueblos en mayor o en menor medida, lo que nos invita a reflexionar sobre ello. En relación con esto, pienso que la cuestión no es tanto la renovación de personas como el sentido ético de la ciudadanía. Únicamente sobre esta conciencia moral es posible construir un mundo más humano y resolver los problemas complejos y graves que nos afectan. Hasta ahora ha triunfado la fuerza del poder económico, político, social, en lugar de la dignidad del ser humano como tal, despojado de cualquier interés de grupo.

Así, en Europa, lo urgente actualmente es establecer vallas protectoras para el euro, en vez de establecer políticas sociales que nos lleven a conquistar un mundo más fraterno. Mientras en África y Oriente Medio, los incesantes conflictos armados obligan a una desbandada de desplazamientos humanos, en el centro de la cuestión cultural ha de incluirse abrir caminos a la auténtica libertad de la persona, ya que se hace todo lo contrario.

Por desgracia, las divisiones forman parte de la identidad humana. En esto no hemos evolucionado. Nos puede la necedad del egoísmo, que llevado a sus extremas consecuencias, desemboca en la negación de la idea misma de ciudadanía. En este momento, Naciones Unidas cuenta con 193 Estados miembros y, tras de sí, con una historia verdaderamente elogiosa, con importantes frutos como el desmantelamiento del colonialismo, el triunfo sobre el apartheid, el mantenimiento de la paz en zonas en conflicto o la protección de los derechos humanos.

Convendría ponernos en acción y no enviar armas a zonas de conflicto, abrir escuelas en su lugar, reeducarnos en lo armónico. A mi entender, hoy el mundo necesita prioritariamente escuelas de moral, pues, como decía Albert Camus, "un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada". Es capaz de cualquier cosa.

Allá donde la moral y las creencias son reducidas al ámbito exclusivamente privado, dificultosamente se va a poder formar una sociedad solidaria. Tengámoslo en cuenta. No le hemos prestado atención a esto y la consecuencia es el fracaso y el retroceso. Desprendámonos de autocomplacencias e inventémonos, si acaso, un nuevo código ético, de ética moral, como horizonte para un nuevo renacer más verdadero, más incluyente, más de la conciencia, más de nuestro específico interior en definitiva.

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Viernes 31 de julio de 2026

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