El 'fantasma' del neopopulismo
Un comentarista radial mañanero, a nuestro criterio, confundido, que se manifestaba contrario a una petición de un ciudadano pobre de Colón que pedía al Gobierno soluciones a sus problemas sociales (vivienda, agua, calles, etc.), alegaba que eso es populismo y que dichas acciones hacen daño a la democracia. Agregó, que Mariano Rajoy (gobernante conservador de España), había descalificado al populismo por ser una tendencia política absurda. Me permito aclarar que el concepto populismo es una expresión o forma política que se manifiesta tanto en Europa como en América, abarca una heterogeneidad de movimientos, partidos y gobiernos de distintos signos ideológicos; tanto de izquierda como de derecha. Quizás el comentarista de marras se refería al discurso antipopulista de un gobernante derechista que enfrenta desde hace varios años las protestas de grupos de indignados contra los recortes sociales, la desigualdad y la pérdida del estado de bienestar.
Las constantes peticiones de los ciudadanos a los gobernantes "democráticos" tienen su origen en que, a finales del siglo XX, en América, EE.UU. y en Europa, se ha configurado un estado excluyente, en el marco de la globalización en el que las clases dominantes apoyadas por los organismos internacionales hacen valer el poder del capitalismo financiero sobre el desarrollo social de los pueblos. Esto ha traído como consecuencia una masiva marginación de los grupos pobres, quienes no encuentran soluciones a sus apremiantes problemas de subsistencia. Una ola de desigualdades ha renacido como herencia de los gobiernos neoliberales de las últimas décadas y la palabra populismo comenzó a sonar de nuevo. El propio neoliberalismo, con su tradición productivista e individualista y su compromiso irrestricto con los intereses financieros es, de hecho, una de las mayores amenazas a las democracias actuales. El filósofo alemán Jürgen Habermas, dice que "el populismo es una de las tantas formas de hacer política y construir consensos, no es ni bueno ni malo por sí mismo; tampoco es un peligro, salvo para quienes ejercen el poder sin el pueblo y en contra de este".
En un discurso reciente Obama plantea una evidente realidad que circunda el mundo "La economía global debe ser mejor para todos, no solo para los que están arriba. Y aunque el capitalismo mejoró el nivel de vida de mucha gente, dijo, también ha debilitado la posición de trabajadores. Agregó, "la clase media no ha podido crecer. Un mundo en que un 1 por ciento controla la riqueza, nunca va a ser estable". En 2007, Paul Krugman ganador del Premio Nobel de Economía, sostuvo que Estados Unidos precisaba un "contragolpe populista", para revertir el aumento de la desigualdad. Krugman cree que la desigualdad daña a la democracia. Agrega que, en buena medida, lo que pasa en España o en Grecia se puede mirar "como el hartazgo social demandando sensatez, demandando acciones sustanciales que mejoren la vida política y la vida social".
Todo parece indicar que la predicción de Krugman se ha cumplido con el triunfo reciente de Donald Trump en las elecciones estadounidenses. Trump ha producido un contragolpe contra las élites promotoras del neoliberalismo y de los tratados de libre comercio que afectan tanto a los países latinoamericanos como a los propios estadounidenses. Los marginados de las zonas rurales, la clase media abandonada, los propios afroamericanos e hispanos pobres, dieron un golpe de timón a un sistema agotado que ha producido desempleo y pobreza. Una mayoría silenciosa, finalmente votó por un cambio.
Probablemente, en Europa donde las masas marginadas están empeñadas en combatir la austeridad, el financiamiento de bancos quebrados y la pérdida del valor de la vida humana, igualmente se producirá un "contragolpe populista".
*Profesor de la Universidad de Panamá