¿El fin de los tiempos?
Lo profetizaron 12 veces en 1000 años distintos hombres y culturas, pero acá estamos. Incluso antes, desde la época en que se registró la pisada del primer cavernícola hasta cuando el homo sapiens tuvo conciencia de su trascendencia en este pedazo terrenal comunitario, siempre se las arregló para autodestruirse.
Hoy vivimos en un permanente trance apocalíptico. Una especie de locura milenarista que se instaló en el 'chip' cerebral de fanáticos –y mercantilistas– de siempre, con la intensión de generar incertidumbre, lucro y temor. Pero vamos, aquí estamos y el mundo sigue igual, con deberes y responsabilidades. Desacreditar a una cultura tan rica como la de Los Mayas es desconocer uno de los grandes legados a la humanidad. Y de nuestro continente. Porque hay que tener la cabeza plana como una moneda para no encontrar en todas las cosas, frases y sueños un poco de combustible que lo mueva y que la diversidad de criterios enriquece.
Como en el fútbol, se ha pedido que nunca nos pasemos de la raya; eso quienes se sienten dueños de la cancha. Nos invitan a jugar un partido que desagrada –o incluso arroja sonrisas nerviosas–, y nosotros, en vez de proponerlo jugarlo de otro modo, nos acostumbramos a tolerar moviendo la cabeza como pájaros que picotean las migas. Y no hay animales más temerosos que los falderos.
No es un asunto de ideología o religión, sino un mínimo de dignidad para el ser, el yo-tú, que indaga y cuestiona. Ellos no saben quién es uno, pero dan lecciones de todo. Dictan con verborrea acerca de lo bueno y malo, lo que es y debe ser, lo sacro y pagano.
A esos mismos que les ofende toda alusión sexual, de vida o dinero, pero que acometen con doble moral; pues bien, el mensaje en esta “nueva era”, cuando a esta hora ya entró en el Hemisferio Norte el invierno y en el Sur el verano, es que bien podría valer la pena arriesgarse y seguir, con las convicciones –si es que las hay– por delante, pero respetando, y no apuntando, a aquel que piensa diferente. Y más en estas fechas de paz y amor.