El fracaso de una discusión importante
Se veía venir. La discusión del anteproyecto de ley que pretende hacer algo con el enorme problema que representa para la sociedad panameña la cantidad de embarazos en el sector adolescente ha caído en un punto de no retorno, que hace presagiar que el mismo no llegará a ninguna parte. El diputado del Partido Revolucionario Democrático Crispiano Adames, médico de profesión, ha propuesto un material legal para ser discutido en la Asamblea Nacional. Debido a la magnitud del tema, lo que se impone es un debate nacional de altura que decida, primero, si necesitamos una ley al respecto, y luego, qué vamos a hacer como sociedad al respecto.
Lo que ha sucedido con el diputado mencionado es que este tipo de discusiones requieren el apoyo de toda una estructura nacional política, tanto de Gobierno como de partido. Esto no se ha dado y el proponente ha quedado solo con el tema.
Esto ha dado como resultado una discusión sin profundidad, amorfa, carente de sentido y arropada por radicales de ambos extremos, los ultraliberales así como los conservadores ortodoxos que, en conjunto, han tomado posiciones basadas en dogmas religiosos, prejuicios sexuales y raciales, ignorancia y desconocimiento del tema a profundidad, nula investigación de la situación e indiferencia de la gran mayoría silenciosa.
Y el tema es fundamental. Me escandalizaba el año pasado que para esta época, solo un colegio público reportaba 19 embarazos. Había más adolescentes en estado de gracia que con resfriado.
Lo peor es el entorno de una sociedad indolente ante el problema, preñada de una hipocresía creciente, que apadrina conductas, pero no las apoya económicamente, enviando el problema a las arcas del Estado en forma de gastos médicos, educación interrumpida, baja calidad del recurso humano y, sobre todo, posibilidad de incremento de la delincuencia juvenil.
La manera banal y superficial en que se está discutiendo el tema la vamos a pagar en una generación. Un país a la cual su generación de relevo se entrega a la ignorancia y a sufrir las consecuencias de no poder al sector productivo con la mayor cantidad de herramientas posible, nos condena a seguir dependiendo de la llegada de mano de obra extranjera que, eventualmente, creará una crisis económica debido a que nuestro país será un centro regional de envío de remesas, mayor que ahora, y no veremos los resultados de las mejores épocas económicas del país.
El Gobierno ha tomado posición de manera disimulada otra vez. Al dejar solo al proponente, ha esquivado su responsabilidad para no asentir el golpe en caso de que fracase la iniciativa, actuando de manera lamentable.
En semanas, ante el fracaso de la propuesta y la espiral de tonterías que se vierten en los sitios desde los que se presentan las diluciones por parte de los generadores de opinión, el tema quedará en el olvido por otra cantidad de tiempo que, aunque no lo podamos percibir ahora, será un retroceso en la posibilidad de convertir al país en uno en vías de desarrollo con aspiraciones mayores.
Irresponsabilidad, cobardía y miedo. Estas son las palabras que caben a una sociedad política que no se atreve a dejar a un lado sus propias miserias y miedos. Es una verdadera lástima.
Seguiremos sufriendo las consecuencias de la falta de liderazgo político y estadistas al comando de nuestras organizaciones políticas. La mesa está servida para los nuevos liderazgos y la desaparición de los partidos políticos actuales.