El fracaso es la escuela del éxito
Todos algunas veces hemos fracasado en la vida. A veces, logramos nuestro objetivo y sentimos gran satisfacción. Otras veces, nuestra experiencia es muy distinta ya sea familiarmente, en los estudios, negocios, formación de los hijos, en nuestra relación con Dios, con nuestros pecados, etc. Debemos aprender a superarnos y crecer, pues una cosa es que fracasemos en algo en la vida y otra es que seamos unos fracasados. ¿Cómo podemos usar estos fracasos favorablemente?
11.- El hombre sabio e inteligente acepta la derrota como el maestro más valioso. En cambio, el orgulloso, el altanero nunca aprenderá de sus fallas porque no las admite.
Deténgase a pensar hoy un momento en el fracaso del Hijo de Dios: Colgado en una cruz, como si fuera un criminal, abandonado por sus discípulos, objeto de burla de sus enemigos. ¿Se ha detenido a pensar que ese es un fracaso increíblemente grande, visto humanamente, y qué pasó con ese fracaso o con esa muerte? Pues que gracias a esa muerte, resucitamos nosotros. Gracias a esa muerte, se nos abrieron las puertas del cielo. Vea usted cómo Dios supo transformar el fracaso de su Hijo en una gran victoria, porque muriendo en la cruz nos salvó de la muerte eterna. No hay triunfos sin fracasos. ¡No hay Domingo de Resurrección sin Viernes Santo! ¡No hay gloria sin cruz!
Cualesquiera que sean las circunstancias en la vida de un hombre, un fracaso no es el fin de la jornada, sino solamente un paso a lo largo del camino. Cuando la derrota toque las puertas de su vida, su tarea va a consistir en no rendirse, nunca, jamás, sino en levantarse y en continuar esforzándose en ir aprendiendo de su error para vencer.
Comience cada día con el pensamiento motivador de que Dios lo acompaña y de que usted va a realizar todo lo que pueda ese día y que el Señor transformará sus posibles fracasos en grandes éxitos. Dios nos ama profundamente, es un amor que hace surgir lo mejor de nosotros, no nos abandona cuando fallamos, sino que nos dice: "Estoy contigo, no te desanimes, juntos cambiaremos tu debilidad en fortaleza", porque Dios nos ama, aún y a pesar de lo que hemos hecho. ¡Esto es maravilloso!, y nunca debemos olvidarlo en nuestra mente y corazón. Y recuerde: Con Dios, somos ¡invencibles!