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El funesto precedente de Evo Morales


Guillermo A. Ruiz Q. / Analista Internacional (opinion@epasa.com) / -

Justo cuando los latinoamericanos nos disponíamos a dormir, en las pantallas de los televisores irrumpe, a través de los canales internacionales, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, para anunciar que su jefe se encontraba “secuestrado por el imperialismo” en el aeropuerto internacional de Viena. Mucha retórica después, pudimos entender la situación: la mayoría de los países europeos negaba el permiso de sobrevolar su espacio aéreo o aterrizar para repostar combustible, debido a que tenían información de “inteligencia”, que indicaba que el excontratista de los servicios de espionaje norteamericano Edgard Snowden era trasladado a ese país sudamericano en el avión presidencial. Lo demás, ya es noticia vieja.

Me gustaría resaltar algunos hechos para que los puedan analizar. Evo Morales es el primer presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, uno de los países más pobres de nuestro continente, que viaja en un avión propiedad del Estado. Hasta su llegada al poder, incluyendo los militares, los presidentes bolivianos utilizaban aviones comerciales. La principal razón era el sentido común. No se compagina con los altos niveles de pobreza de ese país que su presidente (que por cierto, viaja casi todas las semanas hacia algún destino fuera de sus fronteras) utilice una aeronave con un costo de mantenimiento y operación tan alto.

También está el hecho de que, y esto lo argumentan muchos países, los pilotos comerciales tienen más experiencia a la hora de llegar a destinos poco frecuentes. Por eso, estoy casi seguro de que si se investiga la nacionalidad de los pilotos del avión de Evo, se llevarán una sorpresa. Es muy comentado el hecho de que la seguridad presidencial boliviana tenga entre sus principales asesores a expertos en el tema del G-2 cubano.

Por otro lado, la actitud incomprensible de los Gobiernos europeos de utilizar una medida de esta clase, que evidentemente solo es aplicable a países pobres y en el subdesarrollo, como el caso de Bolivia, lo único que logró es la solidaridad con Morales de propios y extraños. Está claro que si en vez del presidente de Bolivia le hubiera sucedido a la canciller alemana Angela Merkel, jamás lo habrían pensado. Es más, estoy totalmente seguro de que no hay forma de si quiera imaginar que un hecho semejante le llegara a pasar a un primer mandatario de un país del primer mundo.

Las reacciones también son de las más exóticas. Desde la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), con su reunión de urgencia en la que piden disculpas al presidente ofendido, hasta la Organización de Estados Americanos (OEA), que dentro de su normal inutilidad, divaga entre sus miembros cuál es la mejor forma de enfrentar la situación.

Lo cierto es que esta acción crea un precedente funesto. Como quiera que el pensamiento político de Evo Morales no sea, por mucho, de mi predilección, debo reconocer que lo sucedido demuestra la necesidad de que los países como el nuestro mantengan unas excelentes relaciones diplomáticas con todo el mundo y eviten tomar partido en conflictos ajenos a nuestra soberanía.

Es reprobable lo sucedido, pero igualmente es condenable que con tantos problemas internos que sufre el pueblo boliviano, su presidente ande por el mundo metiendo sus manos donde no lo llaman y comprometiendo a su país en conflictos que no tienen nada que ver con los suyos, lo cual se ha convertido en moneda de cambio para los bolivianos.

Al morir Hugo Chávez, el liderazgo de su movimiento internacional que denominó “Socialismo del Siglo XXI” quedó acéfalo. De todos es conocido que el presidente cubano, Raúl Castro, ejerce las mismas funciones para Venezuela. El resto de los países eran, en épocas del ahora “Comandante Eterno”, dirigidas desde La Habana, para darle un matiz menos evidente. Ese liderazgo está tratando de ser retomado por la presidenta de Argentina, Cristina Kichner y por el presidente de Ecuador, Rafael Correa. A la primera, las encuestas internas la mantienen muy alejada del tema internacional. Y al segundo, a pesar de haber consolidado su liderazgo interno, su país no tiene la capacidad de convocatoria para estos menesteres.

Esta lectura no le ha llegado a Evo Morales. La retórica bravucona no es para todo el mundo. Es más, en el conflicto pendiente de resolución en el Tribunal Internacional de La Haya sobre los límites con Chile, va a tener mucha dificultad en conseguir países solidarios a su causa. Si Estados Unidos, China y Rusia quieren jugar a la guerra fría de nuevo, Latinoamérica entera debe entender que ya no estamos para seguir ese mal camino. Por las buenas, por supuesto.

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Viernes 14 de agosto de 2026