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El futuro de la obesidad


Desde los años 70, las autoridades de salud han prohibido la publicidad de los cigarrillos en televisión y desde entonces existen campañas para hacer que el fumar sea una actividad cada vez más difícil de realizar. Por ejemplo, se han aumentado los precios de los cigarrillos a través de impuestos y establecido restricciones sobre dónde fumar, además de las publicaciones de investigaciones y estudios que señalan los riesgos y las consecuencias por el hábito de fumar.

Lo que antes era “cool”, hoy día es detestable. En todas las esquinas y lugares públicos existen señales de “prohibido fumar”. Los ceniceros, una prenda habitual en todas las casas y oficinas, prácticamente han desaparecido. Los fabricantes de cigarrillos han tenido que diversificar sus portafolios de productos, y hoy se encuentran concentrando esfuerzos en segmentos de alimentos, entretenimiento y tecnología. Y con mayor frecuencia, las millonarias demandas judiciales y acciones de clases son ganadas por exfumadores que han probado en los tribunales el daño causado por el humo del tabaco.

Independientemente de este esfuerzo globalizado, fumar sigue siendo una amenaza pública. Tres de cada cinco personas que mueren de cáncer de pulmón, enfisema o enfermedades cardiovasculares son fumadores. Y a pesar que el consumo per cápita de cigarrillos ha bajado de 4 mil en 1960 a 2 mil en 2000 y que el porcentaje de adultos fumadores se ha reducido a la mitad, los estudios indican que el humo de cigarrillo causa más daños que lo que originalmente se suponía.

¿Pudiera este esfuerzo en contra del cigarrillo realizarse para enfrentar otra epidemia de proporciones parecidas? Más de un tercio de los adultos panameños y uno de cada cinco niños son obesos. Y la obesidad los coloca rápidamente en una posición de alto riesgo por padecimientos cardiovasculares, hipertensión, diabetes, trastornos biliares y muchos tipos de cáncer.

En algunos lugares, el esfuerzo en contra de la obesidad ya empezó. En California, los padres de familia reciben junto con el boletín de las notas académicas un reporte del peso de sus hijos. En Nueva York, los restaurantes y las cadenas de comida rápida están obligados a informar en sus respectivos menús la cantidad de calorías de los alimentos que ofrecen. Y una inmensa cantidad de condados han prohibido la comida chatarra en las cafeterías escolares.

A pesar de las dañinas consecuencias de la obesidad, existen dudas sobre el paralelismo que pudiera o no existir con el fumar cigarrillos, y si en efecto una campaña contra la obesidad tiene algún sentido. A diferencia del fumar que es una actividad adictiva y fisiológicamente innecesaria, el comer comida es esencial para vivir. Si el ser humano no consume proteínas, grasas y carbohidratos, simplemente muere. Y mientras el fumar representa solo una sustancia (tabaco) administrada principalmente a través de un producto (cigarrillo), la comida tiene infinidades de presentaciones, formas y variedades, cada una con sus atributos y riesgos nutricionales.

Además, el tabaco presenta otro componente legal: la afectación a terceros, lo que obliga su prohibición en lugares públicos. Muchas de las campañas e iniciativas en contra del tabaco tiene sentido porque fumar es un peligro para la sociedad.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Podría una combinación de políticas públicas, regulaciones a la industria de alimentos y mensajes promocionales para que la población adquiera hábitos alimentarios saludables ayudar a cambiar la tendencia de enfermedades relacionadas a la obesidad? ¿Deberíamos siquiera tratar o el esfuerzo chocaría con las libertades individuales? ¿Podríamos al menos encontrar una fórmula para ayudar a los niños y a la clase media baja, dos grupos demográficos susceptibles a los anuncios de comida chatarra?

¿Deberíamos hacer que el obeso sea menos aceptado socialmente, al igual que los fumadores son personas non grata? ¿O necesitamos ser más tolerantes y menos discriminadores hacia la obesidad? ¿O deberíamos irnos preparando para iniciar acciones legales en contra la industria de alimentos procesados?

Estos son temas que debemos ir debatiendo y que no podemos descansar hasta que los hayamos definido y resuelto. Hay mucho en riesgo y las consecuencias y los daños son incalculables.