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El futuro de la política panameña


Alberto Valdés Tola (opinion@epasa.com) / Sociólogo.

Si se realiza un breve sondeo sobre la opinión política del panameño común que circula por las calles y avenidas de nuestro país, no tardaremos en identificar cierta incertidumbre en sus respuestas: que si el transfuguismo de los políticos, que si la centralidad del poder por parte del Ejecutivo, que si la falta de figuras políticas representativas y legitimadas para los próximos comicios, entre otras muchas consideraciones de este tenor.

Por otra parte, si observamos en los medios de difusión masiva las opiniones, entendidas y desentendidas, de algunos políticos de turno o de oposición, nos percataremos de que los mismos se encuentran huérfanos de un discurso sociopolítico adecuado que genere simpatía en el ciudadano ordinario. Razón por la cual, no debe sorprenderles, que no sean percibidos actualmente como posibles candidatos para nada político (lo cual también se refleja ampliamente en las encuestas).

Ahora bien, esta apatía por la política, tanto del ciudadano como de los mismos políticos, se debe principalmente a la muerte de las ideologías, las cuales daban un sentido socioantropológico a nuestra cultura política, ya que socializaban masivamente nuestras esperanzas y sueños por un Panamá mejor; además, de que constituían un imaginario democrático basado en la beligerancia vehemente (aunque muy racional), de la lucha partidista por el poder político.

Una suerte de coliseo de ideas y opiniones, mediante los debates televisivos y radiales, en los que lo que abundaba la creatividad de propuestas novedosas, y no la politiquería vulgar que tanto mal se encuentra generando actualmente en la política panameña. Aún nos recordamos, no sin algo de añoranza, los discursos de Arnulfo Arias Madrid (panameñismo) y el General Omar Torrijos Herrera (Partido Revolucionario Democrático), los cuales deberían ser un bastión de expresiones ideológicas y programáticas para sus respectivos seguidores; los cuales, a pesar de ser devotos, en su pragmática cotidiana desconocen las premisas solidarias, humanísticas y, sobre todo, políticas de estas grandes lumbreras del pensamiento político panameño. Los que al tiempo que ilusionaban las mentes y las fantasías de los más escépticos, cautivaban carismáticamente las opiniones y lineamientos discursivos para hacer política.

Por si fuera poco, la sociedad civil y los movimientos sociales reivindicativos destacan, hoy por hoy, por su incomprensible capacidad de silencio colectivo frente a las muy frecuentes escaramuzas institucionales por parte del Ejecutivo; al tiempo, que se deslucen frente a la opinión pública por su falta de visibilidad y anacrónicas argumentativas políticas.

Bajo este escenario político actual, parece prudente sugerir que la política panameña se acerca peligrosamente a su debacle como mecanismo de representación popular del pueblo, para dar paso al advenimiento de una sociedad unidimensional, basada en la poca crítica ciudadana, la unilateral línea de mando estatal y, por último, la desaparición ideológica de los partidos políticos.

De más está decir que todos estos aspectos amenazan el futuro político de nuestro país, ya que los mismos proponen, en síntesis, la desaparición de la democracia representativa real, para dar paso a un régimen político caracterizado por el espejismo democrático (existente solo en papel).

De esta manera, si los partidos políticos no realizan una reingeniería ideológica en busca de salvaguardar y socializar sus propias identidades políticas, y los ciudadanos no constituyen un espíritu crítico y racional frente al devenir nacional mediante la denuncia y la participación ciudadana, de seguro, pasaremos los próximos años a la luz de las sombras políticas que nos gobiernan.

Sociólogo.