El futuro de la vida y los intereses petroleros
La vida en nuestro planeta está en peligro inminente, incluyendo en esto a la propia vida humana. Cada vez existe más certeza de que el sistema Tierra ya no se encuentra en la época geológica del Holoceno, con su régimen climático que permitió el florecimiento de la civilización. Ahora estaríamos en la etapa del Antropoceno, en la que la influencia dominante sobre el ambiente y su evolución es la actividad humana.
Para precisar lo anterior, se debe señalar que esa actividad ha generado un impacto de enorme magnitud sobre el régimen ambiental, provocando que en varias de sus esferas se estén sobrepasando las fronteras que aseguran su estabilidad. De acuerdo con Johan Rockström y sus colegas del Instituto de Resiliencia de Estocolmo, algunos importantes procesos ya estarían ubicados en la zona global de riesgo: cambio climático, uso de suelos, integridad de la biosfera y los ciclos del nitrógeno y el fósforo.
Todo esto, según el International Geosphere – Biospher Programe, significa que el sistema Tierra, dada la fuerza de la actividad humana, se encuentra en un estado no análogo, esto es en una situación en la que el clima, así como otras condiciones ambientales, están fuera del rango de operación observados en, por lo menos, los últimos 500 mil años, elevando la probabilidad de cambios impredecibles, que tienen consecuencias potencialmente dañinas. Esta última apreciación, despojada de su lenguaje diplomático, significa que si no cambiamos de ruta, terminaremos en lo que Ian Angus, autor del reciente libro "Facing the Anthropocene", califica como un clima mortal.
La clave para evitar la catástrofe está en la pronta reducción de la emisión de gases invernaderos, generados por la extracción y utilización de combustibles fósiles. No tenemos mucho tiempo para lograrlo, habida cuenta que de acuerdo con el Panel sobre el Cambio Climático, para evitar que la temperatura promedio de la Tierra llegue a ser dos grados centígrados por arriba de lo observado antes de la Revolución Industrial, solo se pueden quemar adicionalmente cerca de 269 mil millones de toneladas de combustibles fósiles, en condiciones que actualmente se queman cerca de 10 mil toneladas anuales.
Lógicamente, la humanidad debería pasar rápidamente a utilizar fuentes de energía limpias. El problema para lograrlo no está en el frente tecnológico. Tal como han argumentado M. Jacobson y M. Deluchi, con la suficiente decisión política, sería posible tener hacia el 2030 un sistema energético completamente sostenido en el sol, el agua y el viento. El problema, entonces, está en los mezquinos intereses de las poderosas empresas petroleras, las cuales entienden que en esta reconversión perderían su actual inversión en el sector (15 a 20 billones de dólares). Solo el anuncio de un plan serio de reconversión haría caer estrepitosamente el valor de las acciones de estas empresas, las cuales pretenden, como si nada pasara, seguir obteniendo sus enormes ganancias.
Enfrentar este riesgo implica, entonces, la decisión de enfrentar los poderes construidos y construir una nueva civilización. El pensamiento del papa Francisco y su idea de ecología integral juegan, sin lugar a dudas, un papel importante en esto.
Economista