El futuro del mercado laboral

Por: Redacción 15/08/2011

Desde hace muchos años escuchamos sobre el problema de la educación panameña. Por un lado, los gobiernos tratan de imponer su agenda y, por otro, los docentes quieren preservar el status quo. Y mientras no resuelvan esta pugna de poderes, la educación de los estudiantes no mejorará y el país no se beneficiará de sus ventajas comparativas.

Pero el fondo del problema va más allá. Como empresarios tenemos que reconocer que el meollo del asunto no sólo es la forma en que se educa a los estudiantes sino el abanico de carreras que se ofrecen.

Hace más de treinta años, cuando nos graduamos por primera vez de la universidad como licenciado en química y matemáticas, las profesiones de mayor demanda en el país estaban relacionadas principalmente con las ingenierías, economía, administración pública, agronomía y ciencias políticas. Recordemos que en Panamá se vivía entonces una dictadura militar y el mercado laboral respondía a las industrias que el Estado impulsaba, en clara sintonía con su política de protección nacional y sustitución de las importaciones. Y de esa misma manera, las universidades desarrollaban sus programas académicos y graduaban a los nuevos profesionales.

Con la liberalización de la economía nacional y la globalización del mercado mundial, todo cambió. Literalmente, las profesiones que antes estaban en boga ya no son las mismas que requiere ahora el mercado. En nuestro caso, por ejemplo, nos vimos obligados a especializarnos en otras áreas diferentes a las ciencias puras; en el camino nos graduamos de administración de empresas, finanzas, innovación y periodismo. Y así nos hemos ido adaptando a las exigencias cambiantes del entorno.

Esto no significa que las carreras tradicionales hayan perdido vigencia. Simplemente, la coyuntura nos obliga analizar la relevancia entre lo que las escuelas ofrecen y el país necesita. Igualmente, es mandatario que cada estudiante conozca sobre las proyecciones salariales futuras de sus respectivas carreras, para que no ocurra lo del matemático que en 1980 era bien remunerado y hoy a duras penas es llamado para dictar clases especiales a domicilio.

Lo cierto es que la economía nacional obtiene gran parte de su crecimiento por medio de la competencia laboral, en la que empleadores pagan sus mejores salarios por personal calificado, a veces arrebatándoselos a otros por mejores retribuciones, lo que permite también que los trabajadores puedan movilizarse de un oficio a otro y beneficiarse de la alta demanda. Por tanto, una pregunta que todos debemos hacer es, ¿cuáles son las profesiones que en el futuro harán que la economía funcione? Luego de investigar y conversar con expertos que contratan personal y manejan bases de datos sobre la matriz futurista del mercado laboral nacional, podemos informar que las profesiones de mayor demanda para los próximos 20 años son (y en este orden): auxiliares de enfermería, cocineros y preparadores de alimentos, contadores y auditores, secretarias y asistentes administrativos, trabajadoras domésticas y amas de llave, guardias de seguridad, maestros de escuela secundaria, meseros, médicos generales, albañiles, carpinteros, electricistas, y conductores de camiones y autobuses.

De esta lista surgen cuatro breves reflexiones. La primera, que salvo los médicos y contadores que requieren más de cuatro años de estudios superiores, las demás profesiones pudieran lograrse a través de una educación técnica vocacional. Segundo, que aunque no haya nada explícito sobre la necesidad del idioma inglés, es una realidad que el país está volcado hacia el turismo, la logística y el comercio exterior, y por ende necesita de personal bilingüe. Tercero, es preocupante la ausencia del campo o la agricultura entre los oficios de mayor demanda, lo que presupone la trágica desaparición de la economía rural. Y cuarto, que el país requerirá de una autoridad certificadora, que otorgue licencia de idoneidad a profesionales, porque no es lo mismo un electricista que un electricista certificado e idóneo.

Por tanto, es vital que en las discusiones que sostenga el Gobierno con los docentes y demás gremios involucrados, tomen en cuenta esta visión futurista del mercado laboral. Porque pensar que la educación

es para resolver un problema del presente, sería sentenciarnos para siempre a la mediocridad.

Empresario.

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