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El gato negro, el tigre celta y los wikileaks


La pequeña Irlanda vuelve a la escena mundial. Nacida de un cuento celta, hoy vive el drama más absurdo que Beckett haya podido imaginar: El telón del Abbey Theater oculta las verdes colinas, los castillos de piedra y los pubs donde los irlandeses suelen, además, beber su poesía. Se abre el telón y el Allied Irish Bank, el Banco de Irlanda y el Ulster, están en llamas. La gente vocifera pidiendo que le devuelvan su dinero. Un viejo de nariz enrojecida y mirada viscosa, porta un cartel: “¿En qué se diferencia un banco irlandés de Mr. Madoff? En que Madoff está preso”.

Irlanda ha enfrentado, más de una vez, hambrunas terribles. La que motivó el mayor éxodo de su historia, fue superada gracias al solanum tuberosum, un tubérculo originario de la América del Sur: la papa. Hoy vuelve a vivir un tumulto económico, menos trágico, pero no menos ruidoso ni de menores consecuencias.

Segundo acto: Un gato negro se cruza en el camino hacia el país de las hadas financieras y éste se desploma como por arte de magia. Un cliente pide a gritos su dinero y el banco dice no. En el último acto, un vidente del mundo real pincha la burbuja que sostenía al Bank of Ireland. La burbuja financiera, inflada con dinero virtual (papeles, bonos, hipotecas y plástico), revienta junto a las pompas de jabón con las que juegan un puñado de ejecutivos mientras fuman tabacos socialistas.

La conclusión de los economistas europeos, que han acudido al rescate para evitar que Irlanda se hunda definitivamente en el mar de la desesperación globalizada, pone los bueyes por delante. Afirman que esta crisis financiera no fue originada por la bancarrota del Estado, sino por la de las empresas privadas que, en su caída, buscaron hacerse a un lado.

Hasta hace muy poco, “cantalantes” locales y “bienpagaos” del exterior, que en los medios suelen ponerle letra a la encantadora música del flautista de Hamelin, con loas a la libertad de vender gato por tigre, también inundaron las páginas de opinión con sus cuentos del Tigre Celta. En Irlanda nunca hubo tigres, pero sí gatos demoníacos, según Yeats.

La bomba de racimo de los Wikileaks con que la “autocensura negociada” de El País, Le Monde, el New York Times, The Guardian y Der Spiegel, bombardearán al resto del mundo, por muchos años, son sólo boquitas de entrada, chismes que el imaginario popular ya conocía. No es novedad para nosotros que el de Honduras fue un golpe de Estado. Tampoco lo es que al juez Garzón lo quitaron de en medio para que no investigara el campo de concentración de Guantánamo, o que Israel presiona a USA incitando a Palestina. Ni que las FARC violan las fronteras de Colombia. Lo que promete ser el plato fuerte, es la trama financiera y su red de distribución global. Porque, siempre que hay denuncias hay que ir tras la huella del dinero. Otro gato demoníaco anda suelto, y la jauría ya lo está buscando.