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El gran reto

Por: Redacción 10/04/2015

Desde hace muchas décadas, el concierto de naciones ha venido haciéndose eco de una sabia práctica: el intercambio sereno de pareceres para llegar a acuerdos sobre temas de interés bilateral o multilateral. Impresiona y alienta que nuestro país -pequeño y grande a la vez- sea sede de encuentros que guardan relación con los asuntos más importantes de la humanidad (de sus necesidades y posibles soluciones).

En el buzón de sugerencias y/o solicitudes, deseo colocar una petición dirigida a un ser que no será visto con presencia física, pero que está en todas partes y lo decide todo: Oh, Señor:

Que estas cumbres se encumbren a lo más alto, en su condición de evento eficiente y eficaz; en su calidad de pista segura de lanzamiento hacia soluciones verdaderas y duraderas.

Provee de tu sabiduría a todos sus protagonistas, de manera que se aboquen a involucrar y comprometer a todos los agentes de primera línea en las sociedades de cada país, para que, cuando llegue la hora de las conclusiones, basadas en los diagnósticos, ocurra algo no visto:

Que gobernantes y gobernados, que instituciones y sus servidores, que empresarios, que organizaciones de distinto carácter e índole: demuestren, con hechos, la voluntad de propiciar vida digna a sus semejantes.

Que cese la ofensiva de asalto y la destrucción contra la familia, que siendo la más pequeña, pero la más importante célula de la sociedad, jugó -por mucho tiempo- determinante papel como poderoso taller e imponente cantera de valores ético-morales.

Que las “escuelas” informales (empresas de comunicación televisada y radial) y algunas agrupaciones musicales renuncien a la exaltación y a la apología del crimen, de las malas costumbres, del juegavivo, del tráfico y consumo de drogas, del desenfreno y desasosiego sexual.

Que asociaciones de padres de familia se opongan masivamente a que -con no disimulada e invariable frecuencia- saturen a la niñez y a la juventud de cómicas, programas, series y películas que presentan como actitudes dignas de imitar la violencia y la crueldad.

Que con el resurgimiento de la sensibilidad humana y social, con empatía de quienes mantienen el “equilibrio” de la inequidad, sea buscado el punto aquel en el que, sin correr riesgos de caer en la quiebra o en la ruina, llevemos y conduzcamos al mundo a puerto seguro. A las costas de un mundo en el que reine la paz verdadera que tiene como sólida base el respeto mutuo y la garantía del pan nuestro de cada día para todos.

Que a ningún ciudadano de estas y otras naciones le sea negada educación completa (primaria, secundaria y superior), la cual constituye la vía segura hacia una vida próspera y el verdadero camino de la liberación.

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Viernes 31 de julio de 2026

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