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El hábitat político

Por: Redacción 10/04/2017

 Antes de iniciar nuestro recorrido, debemos precisar el terreno en que esa fauna política se mueve, pulula y crece. Nuestras sociedades son precisamente esos bancos de semilla y de alimentación para este género. Especialmente en los sistemas democráticos y republicanos. Así como en la naturaleza los milenios de evolución han dado a las especies el conocimiento básico de aquello que las alimenta, así también en nuestras sociedades ha encontrado el político profesional cómo y dónde nutrirse. No hay simbiosis, sin embargo, entre el nutrido y el nutriente; podría la sociedad vivir sin el político profesional, lo que no podemos decir de la naturaleza, que en alguna medida exige a cada organismo que de ella se alimenta que dé algo a cambio de ese sustento.

Comienza así a evidenciarse, pues, una clara transgresión de la ley universal de compensación: nada es gratis, todo debe obtenerse a cambio de un esfuerzo. En nuestras sociedades, el político profesional se nutre de una savia materna que le proporciona el propio asociado; vive en forma parasitaria, y va creciendo como aquellas enredaderas que trepan en torno al árbol, hasta estrangular en él su fuerza vital. Sin embargo, en ellos vemos una conducta más benigna; saben que no deben estrangular tanto, porque de ocurrir una asfixia mecánica por constricción, perderían indefectiblemente también la fuente de su propio sustento. Así, viven nuestros pueblos plagados de necesidades, casi mecánicas también, creadas por aquellos que necesitan constituirse en los eternos y supuestos salvadores, los llamados a resolver esos problemas que son ya una enfermedad crónica para la gran colectividad: el hambre y sus progenitores, la pobreza y la falta de educación; desempleo y sus efectos secundarios de la informalidad rampante, entre otros.

Así, se han convertido nuestros países en el charco tibio aquel que, como una matriz, resguarda en su seno las necesidades mismas de la población, como una fuente de proliferación de una enfermedad social y crónica. Un círculo vicioso entre los que tratan de escapar ese sistema y los que lucharán siempre para que su existencia perdure. He escuchado que en algunas colonias de hormigas se gesta la cría de pulgones, en forma deliberada. Las hormigas los crían, los protegen y ellos a cambio las proveen de una alimentación especial que excretan.

Así, también se parecen un tanto nuestras sociedades a este tipo de colonia, en la que políticos profesionales gestan largamente estos estados de necesidad, para que el pueblo siga sujeto y encadenado, mientras que ellos acuden, no por un llamado, sino por un ansia de explotación, a vindicar supuestas necesidades gestadas por ellos mismos y para su propia subsistencia.

Abogado

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Miércoles 15 de julio de 2026