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El Halloween como fenómeno sociológico

Por: Redacción 28/10/2014

Entre las festividades humanas, cuyas connotaciones han sido cuasi universalizadas, ya sea por la tradición o por los medios de comunicación de masas, y cuyo carácter posee esa mística entre lo sagrado y lo profano, como es también el caso de los Carnavales, es menester agregar a la lista la celebración del Halloween, el cual se celebra todos los años el último día de octubre, no solo en Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido e Irlanda, sino también en muchas otras partes del mundo cuya herencia cultural dista mucho de ser de origen anglosajón, como es el caso de muchas sociedades latinoamericanas.

MÁS ALLÁ DEL MISTICISMO CELTA, EL HALLOWEEN NO SOLO ES UNA FESTIVIDAD PAGANA, LA CUAL SE MANIFIESTA POR MEDIO DE LOS DISFRACES, LOS CARAMELOS Y LAS CALABAZAS LUMINOSAS, SINO QUE ES UNA REPRESENTACIÓN SOCIOLÓGICA Y UNA CLARA CONSIGNA DE REBELIÓN CONTRA LO SAGRADO...

En Panamá, a pesar de haber tenido cierta herencia sociocultural con los Estados Unidos, no se observa en la cultura popular una marcada importancia por la fecha, salvo por algunas excepciones muy relacionadas con los estratos socioeconómicos medios y altos, lo que significaría, en alguna medida, que estas festividades en Panamá tienen un claro matiz de clase social. Así, por extraño que pueda parecérsele al panameño de a pie, por estas fechas algunos comercios, residencias y escuelas privadas, principalmente del área metropolitana, se engalanan con afiches y disfraces relativos a la festividad. De esta manera, no es extraño enterarse que por estas fechas, jóvenes y adultos asistan disfrazados como sus monstruos o héroes favoritos a fiestas privadas, al igual que a discotecas de la capital. Por otra parte, algunas escuelas privadas incentivan a sus alumnos a disfrazarse y realizar todo el ritual del trick or treat (truco o trato) por las aulas escolares.

Aunque no de igual manera que en las sociedades anglosajonas, en las que las ganancias económicas en cuanto a dulces y golosinas, máscaras y disfraces, centros recreativos e industria cinematográfica son verdaderamente gigantescas, en Panamá, la festividad del Halloween proporciona también, en cierta medida, un mercado importante para algunas empresas y para algunos consumidores.

... BUSCA EXALTAR LO OSCURO Y SINIESTRO QUE HAY EN EL HOMBRE, FRENTE AL ADVENIMIENTO DE LO SANTO Y LUMINOSO QUE TAMBIÉN EXISTE EN NUESTRO SER COMO HUMANIDAD.

Así, aunque el Halloween en Panamá tiene sus propias especificidades, la noche de brujas proviene históricamente de la festividad celta denominada Samhin, la cual fue creada por los druidas irlandeses (sacerdotes y sabios celtas), que pretendían con ella marcar el fin del verano o, lo que es lo mismo, la terminación de la temporada de cosechas. No obstante, según la misma mística celta, el Halloween también se considera como la entrada de los espíritus del mundo de los muertos al de los vivos.

Ahora bien, existe un hecho histórico fundamental para comprender el Halloween más allá de sus aspectos antropológicos y situarlo como una festividad de rebelión. En el siglo IX, el papa Gregorio IV instauró formalmente lo que se conoce como el Día de Todos los Santos, en oposición al Halloween, el cual, aunque sea difícil de creer, por aquellas épocas medievales parecía estar generalizándose entre los feligreses cristianos europeos. Por ende, no debe extrañar que el Halloween, al igual que los Carnavales, se celebre uno o varios días antes de una fecha religiosa judeocristiana, ya que ambas celebraciones no solo son antagónicas, sino que implican diferentes polos de la naturaleza humana (el bien y el mal). Así, las festividades del malvado Jack O’Lantern (personaje mítico y folclórico del Halloween) se realizan el último día de octubre, para darle paso a la conmemoración del Día de Todos los Santos (1 de noviembre).

De esta forma, hoy por hoy, más allá del misticismo celta, el Halloween no solo es una festividad pagana, la cual se manifiesta por medio de los disfraces, los caramelos y las calabazas luminosas, sino que es una representación sociológica y una clara consigna de rebelión contra lo sagrado, ya que la misma busca exaltar lo oscuro y siniestro que hay en el hombre, frente al advenimiento de lo santo y luminoso que también existe en nuestro ser como humanidad. Es como la lucha entre dos temperamentos, dos polos de nuestra existencia, dos maneras de relacionarse colectivamente en sociedad. Este aspecto latente del Halloween, más allá de ser su matiz menos importante, es el verdadero motor de su vigencia contemporánea, ya que al tiempo que se exalta abiertamente lo mundano, por medio de la efervescencia colectiva, se constituye una válvula de escape para una humanidad atormentada, muchas veces, por los conceptos morales estresores de una sociedad o religión que encumbra sus premisas axiológicas y sagradas más allá de lo humano.

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