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El hipnotismo político juvenil


Recientemente asistí a una convención de juventudes políticas, escuchaba, analizaba los distintos actores que inducían la agenda programática del evento. Al culminar las exposiciones me invadió una interrogante sobre cuál ha de ser el papel que debe desempeñar la juventud o juventudes en el escenario político. Mientras cavilaba con mi yo interno, mi vista se asistía de un cuadro que quizás no visualizaba ninguno de esos jóvenes o si lo preveían preferían ignorarlo, la realidad histórica de ser conducidos, inducidos, impulsados y no actores estratégicos de un proceso en el que deberían ser mas tomadores de decisiones que beneficiarios.

La construcción del evento estuvo contenida de un enfoque transicional, es decir la juventud del mañana, el mal llamado relevo generacional, que siempre he advertido debe ser intergeneracional, no así la juventud presente que puede renovar estructuras e incidir directamente sobre lo caducado de las institucionalidades democráticas de sus respectivos partidos políticos producto de sucesiones y alternancias de los mismos grupos de poder o individualidades al mando.

La juventud política panameña se encuentra adormecida, hipnotizada culturalmente por un patrón prefijado de ser la alegría de toda fiesta y no los anfitriones de la misma.

La visión llega hasta ser reconocidos como actores, pero mediatizados por el estatus quo de un sistema partidocrático que legitima como referentes conductuales de una juventud política a figuras que el propio tiempo desautoriza como tales y que se convierten metafóricamente en pastores de rebaños electorales con los cuales negocian sus posiciones de poder y necesitan reunirlos de vez en cuando para proyectar vigencia.

El respeto no debe implicar sumisión, reconocer autoridades es políticamente aceptable, pero cuando estas pierden la razón de su legitimidad pedir permiso es una cortesía no una obligación, de ahí que las juventudes políticas deben rescatar su rebeldía y convertirla en revolución.