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El hogar, selecto tesoro

Por: Redacción 22/08/2013

Fermín Agudo Atencio / Escritor (opinion@epasa.com) / -

La familia es la aureola grandiosa, monumento donde descansan los inclinados afectos en todas las regiones del planeta, y en cuyo pedestal de impresionantes linajes acciona el hombre su gobierno decisivo sobre el devenir del extrarradio popular. Los relatos históricos nos han legado los documentos inherentes a la organización que obran como puntales, fortificando con eminentes detalles los instrumentos necesarios, concertando los conocimientos pasados con los presentes en acicaladas interacciones afectivas. Y como la mujer pare, a ella se le entregó primariamente el parentesco, vía familiar, con el poder de autoridad única. Pero este sistema sufre una transferencia posterior por adolecer de algunas cojeadas creíbles, destinándose definitivamente al padre.

El hombre asumió la conducción, ocupándose de la crianza de los hijos y la dirección del hogar, teniendo por obligación que salir a trabajar para conseguir el sustento diario, cumpliendo con los apremios de los integrantes de la nueva institución, donde los ancianos lógicamente atienden su rol interno, ellos también lían las experiencias con los hijos y nietos. Hoy, por desgracia, los dos padres tienen que trabajar, dejando los vástagos en completa soledad en ciertos casos, donde todo lo que vemos no goza de la envidiable claridad.

El hogar es el árbol genealógico fijador de la integridad, convenido a defender los caprichos del ser pensante, como receptor cumbre de las faenas del hábitat admirable. La expansión familiar ha contribuido naturalmente con la fundación de las ciudades modernas. Vivir desperdigados no era lo codiciado en todas las oportunidades, se clama la regla de adopción institutriz, floreciendo el modelo de vida en conjunto, padres, madres, hijos y abuelos, instituyen los grupos de elegante igualdad consanguínea.

HOY, POR DESGRACIA, LOS DOS PADRES TIENEN QUE TRABAJAR, DEJANDO LOS VÁSTAGOS EN COMPLETA SOLEDAD EN CIERTOS CASOS...

De la voluntad sirviendo de corolario investigativo, afloran los conocimientos que aplicaremos como armas defensivas en la vida. En las residencias de numerosos componentes debe exigirse la estricta pureza en la calidad existencial, a manera de ofrenda, dedicada al hombre más viejo, entregándose el poder de la dirección hogareña al de ilustre prosapia, tomando las decisiones de prestigios, acuñando además su apellido y la herencia hegemónica a los afortunados descendientes.

A la mujer se le ofrecen las labores caseras, en especial el cuido de la prole. Se cubren todas las necesidades básicas de sus integrantes, como el alimento, vestido y educación. Sobre los ancianos, administramos la potestad de heredar sus experiencias y conocimientos a los descendientes del árbol familiar. Hay un cambio de orden radical y sexual, el varón, que antes era promiscuo, ahora tendrá derecho a poseer una sola esposa, esta dinámica tiene sus raíces con especialidad en la cultura occidental. Los lazos se dan por consanguinidad, afinidad o por adopción. Comúnmente los padres trabajan fuera de casa, esto no es lo ideal, pues se rompe la equidad, ya que cada hijo es considerado como una institución, donde una separación anticipada jamás le mostrará el camino con definitivas respuestas.

La crianza es una balanza, de ella dimanará la adquisición de los buenos o malos hábitos, a todo este caudal sumario, podemos complementarlo con la deserción despiadada de los padres, que anuncia una horrenda debacle en las entrañas del conjunto social.

Lo más hermoso de la vida es el clima de ecuanimidad en el seno de la institución, asentándose aquí los éxitos venideros, potenciales vehículos de los triunfos insospechables. Así, se abre todo un abanico de posibilidades extendidas, desde los retumbantes y eximios triunfos hasta los menospreciables descalabros, experimentándose los cambios de perspectivas, contemplándose la contienda entre los poderosos desafíos que se estrellan contra la realidad objetiva. Y aquí debo comunicar mis pensamientos inyectándoles emotividad cautelosa, no puedo esperar cosechas donde me he privado de sembrar semillas. Un hombre dotado de una brillante intelección iluminada y con todas sus facultades en brillante despertar es, en sumo y por derecho propio, un perfecto iluminado, todo ello depende de cuán profundo se ha adentrado en su educación, acompañada de superlativos atributos en abundantes magnitudes. Y así, sabiendo amar, nos preparemos para las futuras fiestas del alma.

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