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El hombre y la naturaleza

Por: Redacción 28/11/2016

 

El elemento o recurso humano, como ahora se dice, pareciera no guardar relación directa con la propia naturaleza. Cuando el hombre falla, atribuimos a la naturaleza humana la consecuencia de sus defectos. Pero la naturaleza puede ser madre o madrastra de los hombres, según que estos quieran considerarse hijos propios o ajenos a ella. Y nuestra madre naturaleza panameña no es mala, pero es exigente; la misma exige, como pocas, una solicitud de todos los momentos, una labor incesante, una preparación adecuada, un sentido de responsabilidad y del deber, una imaginación rica en recursos creadores, un sentido de la solidaridad, una fe en el propio esfuerzo, una devoción a la tierra.

La naturaleza en función cultural, existe por razón de la presencia del hombre. El medio es producto de la acción del hombre. Es el hombre el que conforma la naturaleza, el que rige el ambiente, el que estructura la sociedad, el que da plasticidad a los elementos, el que configura la vida. Se ha dicho que el hombre viene buscándose desde hace muchos siglos sin hallarse enteramente; a pesar de que ya desde la antigua Grecia la máxima "conócete a ti mismo" figuraba sobre la fachada del templo de Delfos como el compendio de toda sabiduría.

En la época que vivimos, nuevos obstáculos de orden pseudos-científico han venido a interponerse entre el hombre y su propio conocimiento. Ellos dependen principalmente de la aparición de un positivismo neocosmológico que ha hecho que el hombre se preocupe más por el estudio de los fenómenos externos que por aquellos que se relacionan con sus propias potencialidades.

Siempre que en un país se plantea el progreso o el buen gobierno, estadistas, legisladores, políticos y financistas están de acuerdo en plantear los problemas económicos en primer término: se habla de la producción de divisas, de tipos de cambio, de cupos de importación, del precio del petróleo y el problema energético, del medio circundante, del crédito y la deuda con organismos internacionales, etc. Todo esto sirve al hombre, rodea al hombre, es creado y regulado por el hombre. Pero el hombre no aparece por ninguna parte.

Tomemos el caso de la producción: es el fenómeno económico, por excelencia. ¿Pero qué es y para qué sirve la producción? Según la escuela marxista, es el hecho estructural básico de la vida social. Pero, en primer lugar, tal fenómeno tiene una causa eficiente, el hombre mismo, y una causa final, el mismo hombre.

Aquí nos hallamos nuevamente frente al hombre y observamos al mismo en su consideración cualitativa, y en presencia de esta pregunta: ¿Será indiferente para el hecho económico de la producción que el trabajador sea o no calificado, que el hombre que produce sea un técnico de su trabajo o un ignorante de su labor? La argumentación es igualmente válida e incontrovertible para todos los demás fenómenos económicos; lo cual quiere decir que lo es para el conjunto de ellos, es decir, para la economía en general. Lo cual, a su vez, quiere decir que la economía de un país está subordinada a la preparación del elemento o recurso humano, es decir, a su educación.

¡He ahí la importancia primordial de la educación, hoy día sumida en profunda crisis, una de las más grandes que ha afrontado nuestro país desde la fundación de la República!

*Pedagogo, escritor, diplomático.

 

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Martes 21 de julio de 2026