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El Humanismo en la educación

Por: Redacción 03/09/2013

Jesús A. López Aguilar (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Analizando el contexto actual, en medio de una huelga docente que recién termina, no puedo sentir más que preocupación por lo sucedido, por el futuro que nos espera como país. Se ha dejado de lado la llamada educación humanista. Algo que desde hace muchos años, tal vez más de 60, se dejó de lado, lo cual ha ido trayendo un deterioro que no es solo la intención del cuerpo docente. La actual ministra de Educación no tiene un verdadero norte en cuanto a lo que se requiere para llevar adelante un proyecto educativo de base social, no lo puede tener porque no conoce el tema, no ha logrado llevar adelante un proyecto que convenza a los docentes de la pertinencia de su idea, y los docentes, por otro lado, desde hace mucho tiempo han dado la sensación de que son intransigentes y que no tienen más intereses que los propios; esa es la percepción cada vez que se produce una huelga magisterial.

No creo que haya otra forma de mejorar la relación Estado-gremios docentes, que no sea la vía del diálogo permanente, tolerante, abierto, respetuoso de lado y lado, algo que tampoco se produce y vemos que el tono de lenguaje utilizado no hace más que propiciar más exasperación y rencor mutuo, independientemente de quién pueda o no tener la razón, eso queda oculto tras la cortina de los constantes enfrentamientos.

Se educa con lo que se hace o no se hace, con lo que se dice o no se dice, y los mensajes que hay detrás de toda esta conflictiva relación es que no valen el diálogo ni la tolerancia; por ello, es hora de hablar de un proyecto educativo humanista, integral, que permita la verdadera edificación de un ser humano pensante, crítico, analítico, autónomo, independiente, pero da la impresión de que eso no es lo que se quiere. Entonces, ¿de qué hablamos? Hablar de educación humanista implica referirnos a aquel tipo de educación que desea formar integralmente a las personas, a convertir a los estudiantes en personas útiles para sí y los demás miembros de la sociedad. Es por eso que se hace hincapié, además de los temas curriculares, en la enseñanza de normas, valores y creencias que fomenten el respeto y la tolerancia entre todas las personas, sin distingo de razas, etnias, condición económica, física, etc., adicional al fomento del amor al conocimiento, ya que no alcanza con tener excelencia académica si no sabemos cómo actuar dignamente.

Aspirar a una educación humanista es referirnos a un proceso que debe tener en cuenta que la educación ha de ser calidad, ya que una buena educación es el ingrediente principal de un proceso de desarrollo para imprimir la fuerza necesaria para convertir a las personas en entes activos de su evolución y de la sociedad en que viven. Eso nos ayuda a hacernos más abiertos, más críticos de nosotros mismos (como sociedad e individuos) y del entorno que nos rodea.

Por esa misma razón debemos tener aprendizajes significativos, que permitan al estudiante aprender, de acuerdo a su realidad, con métodos que hagan posible asimilar el conocimiento a su personalidad de una manera natural y reflexiva.

Pestalozzi, reflexionando sobre la educación a principios del siglo XIX, dijo: “Debemos tener en cuenta que el fin último de la educación no es la perfección en las tareas de la escuela, sino la preparación para la vida; no la adquisición de hábitos de obediencia ciega y de diligencia prescrita, sino una preparación para la acción independiente”.

Una buena educación es aquella que induce al respeto a las diferencias de cada uno. Cada persona tiene fortalezas y debilidades propias y solo reconociendo estos factores podremos brindar una enseñanza justa. Todos sabemos o imaginamos lo que sucede en las sociedades que no tienen una educación de calidad, lo cual les hace vulnerables a caer en manos de líderes que intentan manejarlos aduciendo el bien común, por ello la educación debe impulsar el valor de la democracia. Lograr una educación democrática es el paso más firme para la consolidación de una real cultura de democracia.

María Montessori decía que hay tres pilares en los que se arraiga una buena educación:

1.- El ambiente adecuado: Un entorno ordenado, tranquilo, donde el estudiante se sienta seguro y respetado.

2.- El maestro humilde: El docente tiene que ser una guía, un acompañante y mediador del desarrollo del estudiante.

3.- Material científico: En pocas palabras, cada estudiante debe poseer materiales adecuados, concretos, apropiados a su edad y sus características personales. Por tal razón, cada contenido brindado debe adaptarse a los requerimientos de maduración que presente el educando.

La educación es un bien que debemos custodiar; su prioridad debe ser formar integralmente a las personas. Y esto indica que debe ser necesariamente “humanista”. En resumen: la educación debe endosar a cada integrante de la colectividad un desarrollo apropiado para continuar aprendiendo de forma autónoma y permanente y, además, brindarle los principios éticos indispensables que le permitan hacer de la sociedad en que vive un entorno de tolerancia, respeto y solidaridad. Sin esto la educación habrá fracasado y la sociedad estará perdida.

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Jueves 13 de agosto de 2026