El idioma, la cortesía y los buenos modales
El candidato presidencial del partido Panameñista, al dirigirse eufórico a sus copartidarios, luego de ser elegido en las elecciones primarias de su colectivo, al referirse al tema educativo, señaló como prioridad, establecer la enseñanza bilingüe (español e inglés), en todas las escuelas oficiales de la República. Pensando supuestamente, en la capacitación para el trabajo y la relación comercial; dejando de lado lo que verdaderamente necesitamos: no solo la “enseñanza bilingüe”, sino una planificación integral de la educación panameña, en mora desde hace décadas.
A propósito, el profesor universitario, Jorge Luis Macías Fonseca, en su artículo: “En defensa del idioma español” (La Prensa 18/03/13), señala entre otras cosas: “En muchos negocios se anuncian productos o servicios sin reparar si lo escrito es correcto, y lo peor es que para atraer clientes, como ocurrió en las pasadas fiestas de la carne y el jolgorio, se anunció: “El Carnal de la City”, en una mescolanza de español e inglés”…
En cuanto a la cortesía, ser gentil, atento y amable es un signo de altitud espiritual. El viejo decir “lo cortés no quita lo valiente” no ha perdido vigencia. Y es posible que valgan muchas veces recordar que a mayor cortesía mayor valentía. Porque en los tiempos que corren, de olvido de normas que parecían inexpugnables, quizá signifique valentía en determinada situación exponer la cortesía y los buenos modales.
La cortesía, el trato deferente, respetuoso frente al superior y amigable sin exceso ni ostentación frente al subalterno, es una de las normas antonomásticas del comportamiento humano. Se pudiera decir también que la cortesía es algo así como el ingrediente principal de los buenos modales, y casi se confunde con ellos. No obstante, considerando su importancia y paralelamente su escasa aplicación, llegaríamos a la conclusión de que la cortesía ha desaparecido y los buenos modales están en vía de extinguirse.
Los buenos modales. El abusivo empleo de brazos y manos al hablar. La gesticulación exagerada. El tono desmesurado de la voz. La vulgaridad y ordinariez del lenguaje con sus expresiones incultas, obscenas y disonantes; las discusiones violentas y agresivas; las posturas física burdas e inelegantes; son muestras de una falta absoluta de cultura y motivo de desprestigio individual.
Para demostrar buenos modales, como en general para todos los componentes del comportamiento humano, el hombre y la mujer no deben exagerar en uno u otro sentido, sino mantenerse en el justo término medio que tanto agradaba a los griegos, maestros en esto como en tantas otras disciplinas.
¿Cómo demostrar que se es poseedor o poseedora de buenos modales? Unas veces haciendo, otras dejando de hacer, pero siempre haciendo bien, justa y adecuadamente. Los movimientos ampulosos, por ejemplo, la verdadera manía confundible con un tic que impulsa a muchos a mover exageradamente las manos y brazos al hablar, constituyen algo de lo que no se hace para demostrar buenos modos. La palabra firme pero baja, de tono suave, sin estridencias y adecuada en su intensidad solo al interlocutor, es ejemplo de lo que sí se hace para demostrar lo mismo.
El grado de cultura de cada uno es parte esencial en su comportamiento, aunque lamentablemente esto no sea una regla sin excepciones. Pero aceptemos que la gran mayoría de la gente culta trasluce su educación a través de su comportamiento. ¿Y cómo lo hace? Pues justamente por sus modales, y en modo muy especial, por los que adopta al hablar. A parte de todo lo relacionado con la voz, está el contenido, lo intrínseco, que es el lenguaje a emplear.
Desde luego que los buenos modales niegan el empleo de términos fuera de lugar, insultantes, vulgares; pero hay algo más, y es el giro coloquial, la riqueza del idioma demostrada en la aplicación justa de los términos. Aquí también sin exagerar, so pena de caer en pecado de pedantería.
Podríamos decir, para sintetizar, que el buen modo en el actuar, en el presentarse, en el decir, en el reaccionar, es algo propio y esencial del comportamiento humano. Es, sin duda, una parte importante que quizás por demasiado sabida no siempre se tiene en cuenta.