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El impacto del individuo en la sociedad

Por: Redacción 20/02/2017

 Creo firmemente que la pereza en el hombre no es esencialmente mala, sino más bien instintiva; se remonta tal vez a los más íntimos y precarios inicios de la civilización misma. Tiempos aquellos en los que el ser humano comía, para caer luego en una pausa digestiva. Nada más que eso, tal vez, encerraba entonces su existencia. Se ingería alimentos para vivir y luego la muerte segura era simplemente resultado esperado de haber nacido. A veces, parecemos todos recaer en esa inercia instintiva que nos lleva a vivir una existencia egoísta y aislada, en alguna medida. Aún en estos tiempos de microprocesadores, nanotecnología y fibra óptica, el hombre busca en lo más íntimo de su naturaleza un refugio que lo lleva a encerrarse en sí mismo, en su familia, en su hogar, pretendiendo ser ciego ante lo que afuera de su techo ocurre; pero hoy la vida es más que eso. Millones de personas viven ya interrelacionadas por la propia tecnología. El aumento del barril de crudo impacta a sitios remotos e inimaginables y a sus habitantes en forma directa; la contaminación de un país no reconoce las fronteras del otro; productos de consumo masivo han tomado el lugar de tradiciones milenarias en el seno de los hogares; no hay templo o religión, por ortodoxa que sea, que no se encuentre ya develada por el internet. Nuestro mundo ya es otro.

Nuestra responsabilidad como individuos es mayor, por más aislamiento que ansiemos, por más que soñemos idílicamente con la quietud y el silencio de tiempos remotos, ya la vida no será la misma. Por ello, el hombre está llamado, hoy más que nunca, a entender el concepto de responsabilidad individual y su impacto en la comunidad entera. Ya no es solo lo que hacemos, sino lo que dejamos de hacer, lo que puede inclusive afectar a todo un grupo o a toda una sociedad. Así como antes uno solo dentro de todo un grupo numeroso podía estar predestinado a cambiar el mundo, hoy todos indistintamente pueden hacerlo en alguna medida, llegando con su voz a lugares que nunca soñó. Lo que un individuo escribe, puede ser leído en tiempo real en un continente distinto, a miles de millas de distancia.

Nací en una generación que todavía veía el teléfono como el más grande adelanto en la comunicación global; en solo algunas prontas generaciones, sin embargo, el teléfono, como nosotros lo conocimos, pasará a ser una pieza de museo. El progreso del hombre ha sido exponencial en términos de tecnología; pero en su corazón el hombre sigue siendo solo eso. Hijo y creación de este mundo. De allí que lo más importante sea tal vez buscar ese balance entre lo que realmente somos y lo que el mundo moderno nos hace ser. Y por más que se trate de superar las reglas del universo, tendrá que reconocer algún día el hombre la grandeza de la Providencia con una vasta humildad.

Abogado


 


 


 

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Miércoles 15 de julio de 2026