default

El insólito caso Rita

Por: Redacción 05/03/2015

Ingeniero y comunicador social

El caso de la ciudadana venezolana Rita, a quien en adelante llamaremos así, me llama la atención por la forma como el escrito de una residente anónima de nuestro país, sin casi ningún reconocimiento social entre los nuestros, logró hacer viral su opinión con los resultados por todos conocidos.

Anteriormente he escrito sobre el tema, y me reitero en que este tipo de situaciones son parte de operaciones de inteligencia social provenientes de servicios estatales de otros países. Incluso, no descarto que esta situación sea una de estas tácticas. La idea es descolocar a los residentes venezolanos para que reciban el rechazo local y no tengan apoyo a la hora de defender y señalar la situación de su país.

Es poco lógico que lo que se inició como un incidente en la Asamblea Nacional con los presos colombianos terminó en el cuestionamiento a los residentes de otros países en nuestra tierra.

Por otro lado, todo el escándalo en las redes sociales sobre el “tema Rita” demuestra que de todas partes, la formación académica, sobre todo en lo relacionado con la historia de nuestros países, anda “manga por hombro”.

Como los nuevos grupos de residentes extranjeros no lo están, y muchos residen acá, pero siguen viviendo mentalmente en su país, suceden estas cosas que al final los perjudican a todos.

Veamos. El Artículo 1 del Acta de Independencia de 1821 indica: “Panamá espontáneamente y, conforme al voto general de los pueblos de su comprensión, se declara libre e independiente del Gobierno español”. Luego, en el Artículo 2, el pueblo en mayoría aprueba que: “El territorio de las provincias del Istmo pertenece al Estado Republicano de Colombia, a cuyo congreso irá a representar oportunamente su diputado”.

Lo anterior explica, y esto es para todos, que Panamá se declaraba como nación soberana y voluntariamente se anexaba a la República de Colombia. Para 1821, el presidente de La Gran Colombia era el “Libertador” Simón Bolívar. En ejercicio para el 28 de noviembre de 1821, el vicepresidente Francisco De Paula Santander ejercía la primera magistratura en ausencia del presidente titular.

Explico lo anterior para que quede claro que la razón por la cual los patriotas dieron el paso fue para cumplir el sueño del “Libertador” de crear la Patria Grande, y no para ser parte de un país específico.

Esto mismo sucedió con la República de Venezuela. Entre el 17 de diciembre de 1819 y 1830, Venezuela formó parte de la República de Colombia como parte del proyecto de la mencionada Patria Grande. La muerte de Bolívar acabó con este sueño, y las repúblicas se van separando poco a poco.

Con lo anterior quiero demostrar que tanto panameños, colombianos como venezolanos pertenecimos, por algunos años, a la misma nacionalidad.

Los cuestionamientos con base en un falso nacionalismo no son más que eso. La verdad es que nuestra gente es utilizada en su amor a la patria para, como conejillos de india, provocar un sentimiento antiextranjeros inédito en nuestra tierra.

La Constitución de 1941 hacía indignas de nuestra nacionalidad a ciertas etnias. Este error persiguió al Dr. Arnulfo Arias toda su vida, así como a su doctrina panameñista. Tanto es así que el actual presidente Juan Carlos Varela, luego de ocho meses de gobierno, ni en su discurso de inauguración, ni en otra tribuna pública, ha invocado al máximo líder del panameñismo que, por cierto, solo gobernó un poco menos de dos años si contamos cada día de sus tres mandatos.

Los extranjeros residentes en nuestro país también deben aprender una lección de esto. Las comunidades con más antigüedad están debidamente organizadas. Como los nuevos grupos de residentes extranjeros no lo están, y muchos residen acá, pero siguen viviendo mentalmente en su país, suceden estas cosas que al final los perjudican a todos. Si no comienzan el proceso de organización, les volverá a ocurrir.

También espero que este extraño brote de nacionalismo se refleje de verdad y no sea una moda pasajera de redes sociales, bares y tertulias bohemias. El 9 de Enero es la prueba de la poca importancia que se le da a nuestra nacionalidad. Y ni hablar de los días patrios.

El Gobierno Nacional, este y los anteriores, juega con fuego al no trabajar ni presentar una política pública migratoria que acabe de una vez por todas con la insatisfacción ciudadana. Es cierto que muchos extranjeros mienten sobre su hoja de vida y es casi imposible verificar la misma.

Por último, es cierto que sí hay extranjeros que hablan y escriben mal sobre nuestro país de corazón. A esa minoría la invito a regresar sobre sus pasos, a su maravilloso lugar de origen, y nos permitan disfrutar de su ausencia.

Edición Impresa

Viernes 31 de julio de 2026

Más leídas