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El interior me sorprende una vez más

Por: Redacción 19/04/2015

A solo 50 kilómetros de Cañas nos encontramos con un poblado grande o una pequeña ciudad, así es conforme los recuerdos vienen a mi mente, vivo cada una de las cosas que pudimos hacer en este singular rincón del país llamado Pedasí, el cual ofrece un encanto peculiar lleno de tranquilidad, calles estrechas, entradas de casas convertidas en palcos para ver al turista que pasea y niños descalzos que juegan despreocupados del tráfico que en estas fechas llegó por motivos de las fiestas de Semana Mayor, sin embargo, no afecta su esencia dando la bienvenida a nacionales y extranjeros con la mejor de las cordialidades.

De las pláticas con personas que amablemente nos atendían pude constatar que la llegada de extranjeros es cada vez mayor, poco a poco se van haciendo parte del entorno, ni qué decir de los surfers o los back packers, nadie más que ellos disfruta del folclore del poblado y de las delicias de su cocina.

Una vez recorremos las pocas calles de la ciudad, llegó el momento de trasladarnos a la desembocadura del río Pedasí, un lugar hecho a lo natural donde la ley es dictada por los boteros operadores, quienes por medio de sus agentes “bien cuida’o” obtienen el tráfico necesario para llenar las embarcaciones que nos llevarán a la famosa Isla Iguana. Después de 15 años en Panamá finalmente me encuentro con esta muestra de refugio natural, esta experiencia es 100% recomendable para chicos desde 3 hasta suegras de 82 años, documentar a los pasajeros de cada embarcación es como un mercado persa, hablar del precio con los boteros es una buena práctica, sobre todo si logras seis pasajeros en tu embarcación, por suerte llevamos 11, el precio… prometí no decirlo al botero, les toca a ustedes negociar su propia tarifa.

Durante aproximadamente 20 minutos disfrutamos de aguas tranquilas, solo el sonido del motor y algunas aves que se estrellaban con la lancha, la cual con gran destreza era conducida por Abelardo, un botero con solo 17 años de experiencia y quien ahora realiza el mismo trabajo que su padre, nuevamente el cambio generacional se ve reflejado en la empresa familiar.

Conforme nos acercábamos las aguas oscuras se iban transformando, el fondo del mar parecía un fino talco, aún no nos bajábamos del bote y pequeños peces se acercaban a darnos la bienvenida, los motores callaron y solo quedó el maravilloso paraje.

Nuestra embarcación se quedó vigilante para cuando quisiéramos volver, encontrarnos con un guardabosques no es cosa de todos los días, en Isla Iguana existe un grupo de personas encargadas de salvaguardar la limpieza y cuidado de este refugio natural, el lugar es tan bello que preocupa cuanto tiempo podrá mantenerse así, por una cuota de $4.00 por adulto puede tocar tierra firme y adueñarse de su pedazo de paraíso en la playa, debido a que es tan natural no existen sombrillas, sillas o ranchitos para resguardarse del astro sol, sin embargo, todo esto lo puedes poner en tu embarcación y llevar tu propio refugio incluyendo alimentación, eso sí, prepárate, la basura, lo que traigas nuevo se regresa consumido, nada se queda en la isla, todo vuelve a Pedasí, un área de oportunidad son los sanitarios, seguro con el tiempo mejorarán.

Las aguas son tan tranquilas que caminar 20 o 30 metros adentro es una delicia, recomendable llevar máscara de buceo, así no te pierdes del espectáculo marino, conforme pasan las horas la marea va subiendo y es hora de empezar a empacar, el último viaje de regreso es a las 4:00 p.m., la salida es a tiempo y el regreso se siente aún más rápido que la ida, qué delicia de paseo, es increíble ver que ¡4 horas sin internet siguen siendo espectaculares!

Una vez de regreso a tierra firme, tomamos camino de vuelta al pueblo, el hambre apremia y conforme llegamos al centro un parque y una linda plaza nos reciben, como en muchos rincones del interior existe la tradicional iglesia, en este caso todos los 24 y 25 de noviembre se pone de fiesta al celebrar a su patrona Santa Catalina, nombre con el que también se le conoce al parque, el cual tiene un par de restaurantes y un rincón artesanal donde las chaquiras, los sombreros, vestidos y camisillas son deleite de los visitantes.

El restaurante Tiesto ofrece un menú ligero y perfecto para familias con pela’os, con platos simples, pero con frescura en cada uno de sus ingredientes, si van en grupo no se pierdan la mesa familiar, un mesón que alberga a 12 cómodamente sentados para disfrutar de la brisa que pasa por sus ventanas y puertas abiertas de par en par.

Salir a la plaza y encontrarte con un helado tableño es una experiencia religiosa, desde la carretilla que transporta el tradicional “bote de aluminio”, donde el helado de pipa se “añeja”, un cono no es suficiente, por lo que el heladero hace su día rodeado de sorprendidos visitantes que con extrañeza observan el arte de servir la cantidad exacta para disfrutar de un sabor tableño con marca registrada.

Después de 14 años conocimos un nuevo rincón de Panamá, llegó la hora de partir y hacer la última parada, esta la hicimos en Las Tablas, pero esta es otra historia. Feliz domingo.

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Viernes 31 de julio de 2026

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