default

El juegavivo, ¿no te avergüenza?


Julián P. Palacio O. (opinion@epasa.com) / Colaborador.

Dicen que panameño que no es juegavivo no es panameño; lamentablemente esto parece cada vez más cierto. Cuando hablo de juegavivo no hablo de los grandes escándalos que hay en los medios de casos públicos o privados; hablo del juegavivo que cada uno de nosotros hace, muchas veces hasta de forma autómata y sin ningún resquemor.

El principal juegavivo todos los días lo vemos en nuestras calles; conductores que sistemáticamente cometen infracciones de tránsito sin ningún reparo, ocasionando con ello perjuicio a otros y la posibilidad de ocasionar un accidente; no solo los conductores del transporte público como se ha estereotipado, muchos conductores particulares son también de esta plaga repugnante.

Lo de colarse en las filas es ya costumbre de muchos juegavivo; los ves en los supermercados, en las filas del Seguro, en los bancos y en casi todos los lugares donde se debe esperar turno; una vez vi una pelea de dos señoras encopetadas en un exclusivo almacén de ropa de un mall de la ciudad porque una se coló, y de verdad que a las dos se les “salió el cobre”; fue un espectáculo bochornoso para todos, mas este tipo de reacciones son ocasionadas por el juegavivo.

En los trabajos y grupos escolares hay muchísimos juegavivos; siempre en un grupo de los trabajos académicos hay por lo menos un vago y por lo menos uno que tiene que echarse el grupo al hombro para poder sacar la nota; esta mala costumbre también se ve reflejada en los círculos laborales; nunca falta un vivaracho que no hace nada, pero quiere el mérito de todo; estos personajes debieran ser colgados y quemados en la hoguera.

El juegavivo también tiene sus garras en los niveles financieros; dicen que una de las mentiras más comunes de los panameños es: "préstame un dólar que mañana te lo pago" y como dice el título de una película, "el mañana nunca llega"; esos son los mismos juegavivos que no pagan luz y ponen puente, no pagan agua y ponen niple, no pagan basura y si no la recogen la llevan a un monte lejos de su casa, le compran al indostano los perfumes y las sábanas y después se le esconden; estos juegavivos se gastan la quincena en chinguia y cosas banales, dejando de lado sus obligaciones financieras.

Yo estoy seguro de que ninguno de nosotros ha sido un completo santo, pero el ser un juegavivo sistemático puede evitarse; yo quedé asombrado de cómo una sola cámara de velocidad puso más de 2,000 boletas en solo pocos días y luego salía la gente quejándose; el juegavivo tiene que estar claro que si comete una falta está expuesto al castigo, pero principalmente a su propia conciencia.

Hoy te invito a que trates de ir “de acuerdo al librito” y que cumplas con la reglas de convivencia y sociedad; recuerda que muchas personas te miran y que tus actos hablan más fuerte que tus palabras.

Que tengas un día lleno de satisfacciones...

Colaborador.