El libre albedrío
Una gran pregunta filosófica reside en la capacidad de las personas para tomar decisiones de una manera independiente. Muchos científicos sociales han afirmado que la gente tiene poca libertad en su capacidad de tomar decisiones debido a las restricciones sociales impuestas a ellos, como por ejemplo la clase social. Esto puede llevar algunos a la conclusión de que nuestras vidas están predestinadas. Estos se refleja incluso en las creencias de los millonarios que simulan hacer su riqueza por sí mismos cuando en realidad esta ha sido generada con la herencia familiar. Esto puede hacernos pensar que las oportunidades en la vida son basadas puramente en la suerte (por ejemplo ser el espermatozoide de un millonario). Entonces, ¿hay libre albedrío? ¿Pueden las personas tomar decisiones que no son limitadas por su origen social?
En un mundo donde las opciones son estructuradas, la existencia del libre albedrío puede ser fácilmente cuestionada. Vivimos en una era de consumo hedónico, una idea que se construye y se implanta en la mente de cada uno de nosotros. El mejor ejemplo está en el flujo de mensajes publicitarios que constantemente nos bombardea. Estamos moldeados desde el momento del nacimiento hasta la muerte para satisfacer las necesidades de este mundo vuelto loco. Todos somos construidos y limitados por las consecuencias que nos crearon. Pero, ¿cómo, si lo está, relacionado el libre albedrío con esto? Si la elección está prácticamente predestinada, ¿qué nos queda?
Existe una respuesta a esto si le vemos el fundamento de esta "realidad" como social (es decir, construido a partir de una aprobación popular) entonces este es el punto en donde entra en juego el libre albedrío. Nosotros como un colectivo hemos tomado la opción de “aceptar” esta construcción social como nuestra única realidad, desenlazando una sumisión a las limitaciones que se adapten a nuestras elecciones. Es aquí donde reside el libre albedrío, es entonces nuestra opción de aceptar (o no) esta realidad que es formada para beneficiar a una minoría. Sin embargo, aún queda un resquicio de esperanza en todo esto. Si esta realidad es una construcción social, implicando que hay una sumisión colectiva, es en ese instante que debemos utilizar nuestra capacidad de objetar y revertir nuestra situación actual. Pero esto lo dejo al pensamiento de cada lector.
