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El mágico canal de Nicaragua


Guillermo A. Ruiz Q. / Analista internacional (opinion@epasa.com) / -

Daniel Ortega Saavedra, el sempiterno jefe del Partido Frente Sandinista de Liberación Nacional y tres veces presidente de Nicaragua, no se levantó un día y llegó a la irrefutable conclusión de que lo mejor para su país era construir un canal a nivel. Desde que inició su segundo mandato, se propuso llevar a cabo su “obra de ingeniería” a como diera lugar.

Entonces, ¿qué es lo que ha desencadenado tanto revuelo? Que esta vez ha pasado de la amenaza a los hechos. Sin muchas consultas ni esfuerzo, ha logrado que la Asamblea Nacional de Nicaragua apruebe conceder permiso de construcción a una empresa de la República Popular China.

Ahora comencemos a ver que tan real es todo esto. El primer problema de este proyecto es de política internacional. Nicaragua no tiene relaciones con la República Popular China. De hecho, es uno de los mayores beneficiarios en la región de la política “dadivosa” del presupuesto que para estos menesteres maneja la República de China, mejor conocida como Taiwán.

Así, el primer paso de Nicaragua es desmontar su actual estructura diplomática, comercial y cultural con Taiwán. Y esto es así porque, debido a la conformación accionaria de las empresas de la China continental y su asociación con su gobierno, es imposible que un proyecto de la magnitud presentada logre su objetivo sin ser parte del desarrollo estratégico y político de esta potencia mundial, previamente aprobada por el Partido Comunista Chino. 40,000 millones de dólares es una cantidad lo suficientemente grande para que los líderes del milenario país se tomen un momento para revisar de qué se trata todo. Esto no ha sucedido al día de hoy.

Una y otra vez, voceros del Gobierno chino han desmentido el proyecto. Es aquí donde el observador lejano se pregunta bajo qué seguridad avanza esta idea. Pues resulta que asustar a los Estados Unidos de vez en cuando con macroproyectos en la región sí es parte de la política aprobada por el Congreso del Partido Comunista Chino. Eso sí, luego van y les dicen que no lo tomen tan en serio.

El presidente de China Popular, Xi Jinping, acaba de terminar una gira por Costa Rica, México y finalmente Estados Unidos, donde se realizó una distendida cumbre con el mandatario Barack Obama. ¿Y el tema nicaragüense? Bien gracias.

Para los políticos de Estados Unidos, tanto para demócratas como republicanos, es una pesadilla tan siquiera pensar que el Canal de Panamá tenga alguna cercanía a la expansión comercial o política de China Popular. Tanto el presidente Martín Torrijos como el presidente Ricardo Martinelli han sido partidarios de establecer relaciones con la potencia asiática. Y eso ha terminado justo en el momento en que el Departamento de Estado le hace ver a nuestra Cancillería sus “preferencias” en cuanto a quienes deben ser nuestros amigos. Así las cosas, las posibilidades de que China Popular tenga acceso ilimitado a territorio nicaragüense son absolutamente nulas.

Como profesional de la ingeniería debo aclarar que, luego de los estudios pertinentes de viabilidad y costos, cualquier proyecto es realizable si lo primero está debidamente dimensionado con la realidad. Este concepto aún no existe en el proyecto comunicado (más no presentado) por Nicaragua.

Por lo anterior, creo que es inútil y hasta necio que los voceros del Canal de Panamá pierdan tiempo explicando por qué no tendrían problemas con el tema de un canal nicaragüense.

La verdad: Daniel Ortega es un presidente que sigue gobernando bajo una dudosa reputación democrática, endosada por un Tribunal de Justicia que lo habilitó para un tercer mandato que la propia Constitución le impedía. Peor aún, logró su propósito gracias a la dependencia directa del presupuesto venezolano para las “ayudas” y proyectos populistas y demagógicos orientados a los más pobres de ese país, que por cierto son mayoría, lamentablemente.

Es por esto que Ortega necesita legitimar su monumental fracaso como gobernante con un proyecto faraónico, así no se realice nunca. Es más importante para él que se hable en el futuro que fue bajo su mandato que se tomó en serio la idea del siglo XVIII que otro gobernante anterior.

Nicaragua merece ser gobernado por quienes promuevan la inversión extranjera, exploten su enorme potencial turístico y decidan sacar de la pobreza extrema a la mayoría de su población. Deje de engañar, señor Ortega.

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Viernes 14 de agosto de 2026