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El médico de Panamá Oeste


Elodia Muñoz (opinion@epasa.com) / Elodia Muñoz

La labor del médico se viene desvirtuando en su concepción original, en donde el respeto, la prudencia y el secreto profesional forman, entre otras características fundamentales, la práctica de la profesión médica. Es posible olvidar los principios básicos que deben ser el paradigma en su accionar. Es imperativo contar con profesionales responsables, con sólida formación científica y técnica, así como tener un ineluctable compromiso con la vocación de servir, y con el objetivo de lograr la salud y el bienestar del paciente.

Pero fue este galeno, un ciudadano probo, culto y por ello un buen médico que con su precedente supo imponer su vocación de servicio en su consultorio público y su energía al servicio de los más necesitados. Me refiero al Doctor Lloyd Gardner, fallecido recientemente de una embolia. Fue este ser excepcional el médico de los arraijaneños, chorreranos, capireños y de una población humilde que admiraban en este ser humano su integridad personal del abnegado médico, su compromiso, su pulcritud, su entrega, la conciencia y el cuidado con el que auscultaba a sus pacientes que los medicamentos que le suministrara a lo largo del día y de la noche fueran el remedio mágico.

Panamá urge de médicos solidarios, que, además de saber curar una enfermedad, sepan que es mejor curar a la persona enferma; que sean conscientes del valor de la vida humana, que la amen, la respeten y estén dispuestos a dedicar todos sus esfuerzos al servicio de sus semejantes, como único y verdadero sentido de su vocación de médicos. La actividad médica debe estar siempre en concordancia con aquello que le da origen a la solicitud de ayuda expresada por quien se considera necesitado por encontrarse con un problema de salud. Es decir, es la respuesta a una petición de ayuda por parte del enfermo.

Desde su juventud, la vida de Lloyd Gardner estuvo dedicada a lo que hizo, fue de una sola pieza, siempre presente en ayudar y curar, fue un hombre de acción en La Chorrera. “Doc”, le decían pacientes, enfermeras, afanadoras, porteros, conductores, jardineros, discapacitados, tercera edad, los que pasaban por la calle, los que tenían algún trato con él y los que adivinábamos que jamás nos rechazaría.

Pero fue Lloyd Gardner un médico satisfecho en sus necesidades personales, quien mantuvo una actitud positiva que lo benefició en sus expectativas profesionales, hecho que se vio reflejado en resultados positivos con sus enfermos. Doctor, descanse en paz.

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Viernes 14 de agosto de 2026