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El mensaje de una evangélica

Por: Redacción 03/10/2015

Estimado hermano Emiliani. No soy católica. Pertenezco desde hace 8 años a una congregación evangélica en la capital y en ella conocí a Cristo. Había sido católica de nombre, pero en esta iglesia me acerqué al Señor. Estaba pasando un mal momento en mi vida y una amiga que ahora es mi hermana me llevó a ese grupo donde empecé a sentir alegría y paz.

Los cantos, el recibimiento de la gente y la predicación de la Palabra me llenaron. Pero desde hace dos años estoy escuchando su programa de radio y como yo, un buen grupo de hermanos evangélicos. Usted nos habla del Señor y toca mucho la realidad humana y sus consejos son muy prácticos.

Le pregunté a mi pastor si hacía bien en escucharlo y él me dijo sabiamente que usted está ungido por el Señor. Que lo hiciera con precaución, pero que cuando tuviera alguna duda sobre mi nueva fe, que le consultara a él. Pues le digo que yo sigo congregada con estos hermanos, pero ahora le tengo más simpatía a la Iglesia católica.

Los veo a ustedes metidos con el pueblo y luchando por los pobres. He podido ver las obras sociales que hacen y los riesgos que asumen. Ahora bien, me parecen aburridas sus liturgias en las que solo el sacerdote hace casi todo. Se les ve tristes en las misas a todos y no me llenan. Estuve hace poco en una misa funeral y "funeral" era todo lo que allí se veía. Qué poco se habló de la resurrección del Señor. El pastor de ustedes se la pasó hablando de premios y castigos que recibirán los que hagan el bien y el mal, pero parecía que todo dependía de los méritos de los hombres y no de la gracia de Dios. Novi ni un solo rasgo de la misericordia de Dios en su prédica.

Estimada hermana, nuestra Iglesia ya tiene XXI siglos y mantiene el depósito de la verdad completa destinada a la salvación de los seres humanos. Es vieja y es nueva, porque el Espíritu es siemprejoven y está presente en estructuras y tradiciones que son muy antiguas. Es cierto que algunas veces nuestras liturgias son pesadas y hasta monótonas. Tenemos el alimento espiritual del Señor, "el más rico manjar", la Eucaristía, pero algunas veces lo presentamos, permítame la comparación, en "un comedor con manteles viejos y raídos, con platos desteñidos por el tiempo y sin música ambiental".

Soy consciente de que nuestras liturgias no siempre se preparan con esmero y nosotros los presbíteros acaparamos casi todo el protagonismo de la misa. Falta más presencia activa de los laicos, mejor música espiritual, ir más despacio y explicar mejor lo que hacemos. Algunas veces no somos conscientes del misterio divino que está presente allí. La monotonía nos amenaza.

Los domingos celebramos hasta cuatro o cinco misas, dependiendo de las parroquias. En ocasiones el sacerdote termina una misa y sale corriendo a celebrar otra a mucha distancia y luego viene la otra eucaristía. Esto impide la concentración en el Misterio en ocasiones.

Es muy cierto que como Iglesia, Cuerpo de Cristo en la historia, estamos muy metidos en la vida de los pueblos. Por eso ejercemos un profetismo que defiende a los pobres y marginados y eso nos ha costado un martirio tremendo en el siglo pasado en América Latina. Nuestras obras de solidaridad tienen que ver con enfermos de sida, ancianos, pordioseros, niños de la calle, niños con parálisis cerebral, presos y drogadictos. Un grave problema que tenemos es el de la escasez del clero y no llegamos a todas partes.

Yo no puedo estar en contra de ustedes, sino más bien doy gracias de que mucha gente escucha la Palabra gracias a su evangelización, y es preferible eso a quedarse sin nada o seguir en cantinas y pecando. Respeto lo que hacen, pero me duele la falta de unidad de los cristianos. Me duele que tengamos esa división tan escandalosa para el mundo, en vez de mantenernos unidos en una sola fe, un solo bautismo, un solo Señor y una sola Iglesia, que es la que conoció a Jesús y escribió los Evangelios. Me gustaría que volviera a su Iglesia y descubriera la riqueza espiritual que hay en comunidades eclesiales, movimientos y asociaciones de Iglesia y en los sacramentos. Pero usted es libre para actuar.

Gracias por recordarnos una de nuestras debilidades: el no prepararnos y vivir como debe ser el más grande alimento espiritual, la Eucaristía. Eso me avergüenza como católico y en eso estamos, en renovarnos continuamente para así glorificar el nombre de Dios. Que el Señor la bendiga y recuerde que ¡con Dios somos invencibles!

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Miércoles 29 de julio de 2026

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