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El miedo enloquece 

Por: Redacción 23/01/2016

 

Soy una mujer felizmente casada. Tengo ya cuatro años de matrimonio y dos niños. Mi marido es un hombre muy bueno y trabajador. Él vino de abajo y luchó y tiene su pequeña empresa de repuesto de automóviles y es apreciado por su conducta. Tiene seis años más que yo. Lo quiero tanto. Pero de unos meses para acá me ha ido creciendo un gran miedo. El miedo que tengo es horrible. De que se muera mi marido en un accidente o de que al querer robarle en un asalto lo maten. A un amigo nuestro le pasó hace dos años. Y a mi mente me viene día y noche esa posible desgracia. Lo estoy llamando mucho al trabajo. Él me tiene mucha paciencia y me está pidiendo que confíe más en Dios, que nada malo va a pasar. Pero tengo que llamarlo por teléfono para saber que está bien.

La muerte de nuestro amigo fue horrorosa, ya que él se había quedado solo de noche en su oficina haciendo un trabajo atrasado y llegaron tres hombres armados y lo golpearon y torturaron para que él les dijera dónde estaba el dinero y le hicieron abrir su caja fuerte. Luego al final, en vez de dejarlo vivo, lo mataron. Había sangre por toda la oficina. Quedó la pobre esposa viuda y con cuatro hijos. Tengo miedo, monseñor, de que se mueran mis dos hijos. Estoy en un momento difícil. Ya acudí a una terapia psicológica para vencer esto. En mi infancia tuve la muerte temprana de mi padre, quien falleció en un accidente. Mi mamá se hizo cargo de nosotros cuatro. Un incendio destruyó nuestra casa cuando tenía catorce años. Mi madre tuvo una crisis nerviosa y estuvo enferma un tiempo. Un tío nuestro se ocupó de mis hermanos y después de unos meses mamá se hizo cargo de todo de nuevo. Vivimos unos años difíciles, pero gracias a Dios todos pudimos estudiar. Yo no trabajo porque m marido quiere que atienda a mis niños y que cuando crezcan, entonces podré hacerlo. Me siento mal, nerviosa y triste. Tengo miedo a perderlo todo. Además, tengo miedo que Dios me castigue por pecados del pasado. 

 Estimada joven señora. Tiene usted miedo de que se repita la historia de su infancia y adolescencia y pierda todo, como perdió a su papá y su casa. Está felizmente casada, pero como describe usted el asunto, el miedo la hace sufrir mucho y hay una gran tensión emocional al pensar que su marido y sus hijos puedan desaparecer.

Usted no ha superado el trauma de su pasado y está usando negativamente su mente, imaginándose a su marido asaltado y asesinado. Esas imágenes mentales tienen poder sobre usted y la están agobiando y angustiando. Esos fantasmas de la mente la tienen al borde de una crisis nerviosa. Urge cambiar ya esas imágenes. Cámbielas por imágenes positivas. Vea a su marido en su oficina trabajando y Dios protegiéndolo. Vea a sus hijos ir creciendo sanos e imagíneselos ya estudiando y trabajando en el futuro. Sea optimista y mantenga una mente positiva. Confíe profundamente en Dios.

  Por otro lado, sí le tengo que decir que su marido y sus hijos son muy importantes, como personas, como hijos de Dios y como familia suya. Pero nada en verdad le pertenece a usted. Son propiedad de Dios. Quererlos, amarlos con todo su ser, pero sabiendo que no son suyos. Tiene usted que hacer esta sutil y delicada operación espiritual: desapegarse, desprenderse de un amor posesivo y obsesivo y amarlos con la visión que Dios nos da, que consiste en verlos como personas con una misión que cumplir y que están ligados con Él con lazos indisolubles. Esto bajará mucho su tensión emocional. 

 Por otro lado, algunas veces hay personas que por algo sucedido en el pasado, cuando ofendieron a Dios, piensan que no tienen derecho a la felicidad y que lo bueno que tienen ahora, Dios se los quitará como castigo. El Señor no actúa así, primero porque no es vengativo, es infinitamente misericordioso y en segundo lugar, porque siempre quiere lo mejor para usted. Si permite sucesos negativos es para bien de aquellos a quienes Él ama. Señora, goce de su presente, olvídese de su pasado y no se anticipe al futuro de manera negativa. Viviendo el presente se abre la puerta de la felicidad, que siempre es relativa, salvo en el cielo, y no permita que el miedo la paralice. Insisto, expulse de su mente ideas negativas, imágenes mentales que aturden y hasta enloquecen, tengan ustedes las medidas prudentes de seguridad y confíe en Dios, que la ama y con quien es invencible.  

Monseñor cmf.

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Viernes 24 de julio de 2026