El milagro del mercado
Jeffrey Tucker, del Instituto von Mises, nos cuenta que vivimos inmersos en un mundo rodeado de maravillas creadas por el mercado, como es el caso del universo digital que ya nuestros jóvenes toman por sentado y que tantos todavía no logran apreciar. A todo esto, el sector público se dedica a contrariar la economía de los particulares de maneras tan rastreras que ni las advertimos, ¡pero vaya que sí las sufrimos!
Lo que producen los emprendedores de nuestra sociedad es poco menos que milagroso, constituyendo testimonio visible del potencial que el Creador dio a los humanos. Indudablemente que el mayor milagro de nuestra tecnología es el aumento en la capacidad de comunicarnos de maneras que hace no tantos años ni lográbamos vislumbrar. No fue así con buenos pensadores como el filósofo y jesuita, Pierre Teilhard de Chardin, –paleontólogo y geólogo- cuyas ideas –algunas de ellas- fueron tan fuera de tiempo que en su momento entraron en conflicto con el magisterio de la Iglesia católica, para luego ser aclamado por el papa Benedicto XVI, por su visión del universo como un “huésped viviente”.
Teilhard en su libro ‘El fenómeno del hombre’, propuso la amplia visión del cosmos evolutivo, llegando a visualizar que el destino final de la comunicación humana llega a la conciencia universal. Parece utópico, pero solo tenemos que proyectar el desarrollo actual en el tiempo; viendo que los cambios que presenciamos son abrumadores. Ya casi que reinventamos al mundo diariamente, mientras nuestras escuelas tradicionales languidecen en un pasado estancado.
Pero lo preocupante es que estas cosas no parecen impactar a muchos, que ya toman todo esto no solo como si fuese muy natural, sino permanente. A pocos parece importarles cuidar de esas magníficas fuerzas del mercado que lo hacen todo posible.
Pero, ¿cuál es el mayor reto que enfrentamos? Es que podemos tirar por tierra todo ese andamiaje de evolución. Se trata del Estado leviatán que busca controlar todos los aspectos de nuestras vidas para luego pasarnos la cuenta con el título de “impuestos”.
Vivimos en un mundo de anacronismos en dónde nuestros gobiernos viven una mentalidad cavernícola, que es un lastre al sistema natural de repartición de riquezas; vale decir, el mercado. Los grandes países cometen el pecado de manipular el dinero ajeno y no contento con semejante atrocidad, nos cargan de regulaciones, impuestos, guerras –entre ellas la de las drogas-, justicias injustas, mientras la población los acepta pasivamente.
La paradoja está en el momento en que vivimos, dando por sentado valores que podemos perder; es esa inmensa red global de cooperación e intercambio que es la economía de mercado. Al mismo tiempo vivimos realidades de pobreza y vemos que las respuestas políticas son erradas y antagónicas a las libertades que este requiere.
Cuenta Tucker que “era el año 1600 y el café se había tornado inmensamente popular. El Papa era Clemente III y sus consejeros le urgían manifestarse en contra de la bebida invasora. Clemente pidió una taza de café y al probarla la bendijo declarándola una bebida cristiana.