El ministro y la lechera de la fábula clásica
Que el espíritu del Dr. Pangloss vaga libremente en las más altas esferas del gobierno panameño, apoderándose de la mente de sus habitantes y sus aliados externos resulta, por decir lo menos, un hecho evidente. Solo así se puede explicar, teniendo en cuenta que la economía panameña tiene una dependencia tal del mercado global que su comercio exterior alcanza al 140% de su PIB, a la vez que el componente externo representa el 64.3% del total de los depósitos de su sistema bancario, que los altos funcionarios del ámbito económico, haciendo caso omiso de las dificultades que enfrenta la economía globalizada, sigan haciendo declaraciones saturadas de un optimismo quimérico.
No solo se trata que desde el Ministerio de Comercio e Industrias se celebre, pasando por alto la situación de estancamiento, notable desempleo y problemas financieros de la economía norteamericana y de la Unión Europea, la posible ratificación del TPC como la más grande panacea, mientras que la ACP, en voz de su más alto dignatario, haya declarado finiquitada la crisis financiera internacional, pronosticado un significativo crecimiento en el tránsito por el Canal de Panamá y en los ingresos que el mismo genera. Se trata, además, del hecho, solo explicado por los intereses económicos que representan, por medio del cual las llamadas Calificadoras de Riesgos, las mismas que facilitaron la especulación que llevó a la debacle internacional, eleven el grado de inversión de la deuda panameña en el momento en que se avecina un recrudecimiento de la crisis internacional y en que las mismas, además, optaron por reducir la calificación de la deuda de los Estados Unidos.
Sin embargo, quien se lleva la palma en esta serie de declaraciones carentes de cualquier base científica es el Ministro de Economía y Finanzas. Este en medio de la complicada situación económica internacional, ha optado por incrementar el endeudamiento externo del país, proclamando, además, que el supuesto éxito futuro del modelo concentrante y excluyente que se ha venido implantando en el país llevará no solo a crear las condiciones para el repago de la deuda externa, sino que permitirá crear un fondo soberano en el cual se depositarán, con fines de estabilización, los no menos supuestos excedentes generados por la ampliación del Canal.
Se trata de un planteamiento que se desvía de la idea según la cual dichos excedentes deberían utilizarse en atender las necesidades sociales del país. También se trata, dadas las expectativas internacionales, de una posición que recuerda la de la lechera de la fábula clásica, quien perdió todo pensando en que haría con el producto de una transacción por realizarse. Esto es sobre todo cierto si se tiene en cuenta que el modelo de crecimiento centrado en las exportaciones como el propuesto en nuestro país resulta, una opción agotada, dada la situación de los consumidores del norte, los problemas financieros de sus gobiernos, así como la dificultad de que China, Alemania y otros países cambien su estilo de desarrollo, para convertirse en importadores netos.