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El mito de la República continua


 "Llevamos 107 años de vida republicana", se oye decir. Pero es falso. Esta expresión es reprobable desde el punto de vista histórico y político (y así lo recogerán en su momento los manuales de historia, politología y derecho).  Lo que llevamos son 107 años de independencia, 107 años como Estado nacional, 107 años de vida soberana, si se quiere. Pero hablar de cien años de república es tan falso como haber celebrado según algunos "el Centenario de la República" en 2003. Cien años del Estado panameño fue todo lo que se celebró entonces ---y eso es bastante---. La Segunda República.

Entre 1968 y 1989 Panamá conservó la ficción jurídica de "república" ante la comunidad internacional por razones de conveniencia, pero no vivió como tal (esto no debe asombrar; sucede incluso en países con mayor tradición política, y luego la historia lo corrige. Más adelante pondré ejemplos). A principios de 1990 volvió a organizarse radicalmente la república, lo que deberá llamarse en los futuros libros de historia, de ciencia política, de sociología y derecho, la "Segunda República" (y en su momento, quizá también lo reconozca así una nueva Constitución, como debería de ser). No importa el terrible retraso que el no haberlo hecho de este modo ha supuesto hasta ahora para nuestra conciencia democrática. Nunca es tarde para la historia, y la historia algún día le llamará a este período en que hoy vivimos  "el período de la Segunda República". Puede ser que suceda ahora o en el siglo XXII.

República, monarquía y dictadura.La república no es el Estado. La república es una forma de gobierno caracterizada por su oposición a la monarquía y a la dictadura. El llamar a tantos países repúblicas (República de El Salvador, República de Costa Rica, República de Panamá) como parte del nombre oficial alimenta la confusión, pero no es lo mismo Estado que república, repito. La república es un régimen alternativo, electivo y temporal. El poder, en un régimen republicano, no está asociado a ninguna forma de herencia o permanencia. La monarquía, en cambio, es un régimen dinástico, hereditario, no electivo y permanente. España, por ejemplo, es un reino, no una república. Aunque es monarquía parlamentaria y su jefatura de Gobierno se juega en elecciones, no sucede igual con su jefatura de Estado que está ligada por herencia a una rama de los Borbones. Y los informadores deben evitar el grave error de referirse a España como "la república española". La dictadura, por su parte, es una especie de monarquía sin sangre azul, y más bien repudiada --porque la monarquía puede tener apoyo popular por razones de tradición histórica, pero la dictadura normalmente es rechazada por aquellos a los que gobierna y también carece de elegibilidad y alternabilidad---. A veces se hace dinástica. El Imperio Romano comenzó siendo una monarquía, luego se convirtió en República ---res publica: la cosa pública, en latín, la cosa  o los asuntos de todos--- y finalmente devino en Imperio con Octavio César Augusto, el cual, lo mismo que sus sucesores, ejerció una dictadura personal. Un corte en la vida democrática.

Por su relación con la elegibilidad y la alternación en el poder (que aquí gustamos de llamar alternabilidad, con gracioso panameñismo, y en Guatemala y Nicaragua, alternancia), ya se ve la relación del concepto de "república" con la vida democrática. Las monarquías y las dictaduras acostumbran interrumpir los regímenes republicanos. Así, España ha tenido dos repúblicas (una en el siglo XIX y otra en el siglo XX) entre varios períodos monárquicos y un período dictatorial franquista. Por su parte, Francia ha tenido cinco repúblicas alternando con monarquía, imperio, dictadura nazi (la república tutelada de Vichy). Finalmente entre la cuarta y la quinta república francesa todo lo que hubo fue un cambio constitucional, algo mucho menos revolucionario que el cambio que sufrió Panamá al retornar a la democracia después de 21 años de dictadura y tras una invasión. (II Parte y final continúa mañana).