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El modelo contra el trabajo

Por: Redacción 04/05/2016

La reciente celebración del Día Internacional del Trabajo constituye un marco propicio para reflexionar en torno a los efectos del modelo de crecimiento vigente sobre los trabajadores. Este, para ser completo, debe abarcar tanto los elementos vinculados al empleo como a las remuneraciones. Si bien de acuerdo con la definición tradicional de desempleo, Panamá registró en agosto de 2015 una tasa de desempleo de 5.1%, la cual algunos consideran una situación de "pleno empleo", lo cierto es que la precariedad del trabajo es mucho más amplia que la que se pretende mostrar con la posición aquí criticada. Con solo sumar el número de subocupados al total de los desempleados, se podría establecer que no menos del 15.3% de la población económicamente activa se encuentra en condiciones precarias. Esto, desde luego, constituye un alto nivel de desutilización del trabajo potencial existente, obviamente incompatible con la idea del "pleno empleo".

Si se entiende que la informalidad implica precariedad, se puede realizar un nuevo cómputo de la misma. En este reemplazamos en el cálculo anterior la subocupación no agrícola por la informalidad en los empleos no agrícolas, a la vez que se mantienen los subocupados agrícolas, ya que no existen estadísticas de informalidad para este sector. Los resultados son impactantes, ya que de acuerdo con estos, el 39.7% de la población económicamente activa estaría en condiciones de precariedad en el trabajo. Esta cifra alcanzaría hasta el 48.2% si también se toman en cuenta a los trabajadores agrícolas de tiempo parcial como un elemento de la precariedad.

En el plano de la distribución del ingreso entre el 2000 y el 2012, periodo en que se enmarca el reciente episodio de rápido crecimiento de la economía panameña, la participación de las remuneraciones de los asalariados en el producto interno bruto disminuyó de 37.8% a 30.3%. En ese mismo periodo, la participación del excedente bruto de explotación (beneficios) se elevó de 34.4% a 42.3%. Esto marca una clara situación en la que, pese a la expansión económica observada, el trabajo, en este caso, el asalariado, pierde terreno en términos de la distribución relativa del ingreso.

El hecho antes anotado se hace más evidente si se tiene en cuenta que el salario medio real creció entre el 2004 y el 2014 a una tasa promedio anual de apenas el 1.7%, mientras que la productividad promedio aparente del trabajo lo hizo en 8.0%. Un mecanismo clave en todo esto fue la notable elevación del costo de la canasta básica de consumo, sobre todo en lo que se refiere a los bienes alimenticios, hecho generado por la elevación del grado de monopolio observado en la importación y distribución de bienes básicos.

Por otra parte, el incumplimiento de las leyes sociales que amparan al trabajador se hace evidente en el hecho de que, según estadísticas del Inec, en agosto del 2015 más de 109 mil trabajadores y trabajadoras fueron calificados de informales de las empresas formales. Estos carecen de un contrato escrito de trabajo, así como de protección en la seguridad social. A final de cuenta, el actual modelo de crecimiento de la economía ha demostrado su carácter concentrarte y excluyente. La necesidad de revisarlo en búsqueda de una situación de mayor justicia social es urgente.

Economista

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Viernes 24 de julio de 2026