El momento de una constituyente es ahora
Algunos dicen que ahora no es el momento para una Constituyente porque introduce incertidumbre e inestabilidad y que puede comprometer el crecimiento económico y la paz social en el país. Indudablemente que no estamos de acuerdo con esta opinión anticonstituyente, ya que no le encontramos un sustento real en su enunciado, dado que es el mismo argumento que se puede usar hoy, mañana, dentro de 10 o de 100 años. Una Constituyente introduce cambios por naturaleza propia, no importa cuando se dé.
La situación actual del país, merece o no una Constituyente ahora? Tenemos una economía en retroceso, aunque crece un poco más que países vecinos, lo que no debe ser un consuelo. Vemos como el desempleo crece y empresas cierran. La excusa es que el comercio mundial ha reducido intensidad y afecta directamente a Panamá. No obstante, no se ven políticas anticíclicas para palear la situación. No hay políticas de Estado para reestructurar el agro, que cada día es menos productivo y con menos empuje económico. Hay un estado de Derecho totalmente colapsado, donde la justicia no se aplica con debido proceso y de forma igual para todos. La constitución actual, impuesta por un gobierno dictatorial, mantiene un sistema de poder centralizado, altamente presidencialista. Una Asamblea que no tiene independencia para hacer leyes que resuelvan necesidades del pueblo. Todo esto provoca que los ciudadanos se sientan frustrados y preocupados por su futuro y el de sus hijos y nietos. ¿Debemos hacer algo para transformar o cambiar esta situación?
El momento de las transformaciones es ahora, antes de que la situación se agrave y los problemas crezcan a niveles que, para corregirlos se requerirán grandes esfuerzos y sacrificios por parte de los panameños, algo que luego podríamos lamentarlo. ¿Qué hacer para cambiar el rumbo que lleva la nación?
El camino a seguir parece ser el de escribir nuevas reglas fundamentales que apunten a desarrollar un Estado funcional, que se obligue a plantear las políticas económicas, sociales y todas las necesarias para que los poderes del Estado funcionen en búsqueda de un común denominador para proveer un estado de felicidad para los ciudadanos. Esto significa que una constituyente que se encargue de preparar estas nuevas directrices y plasmarlas en una nueva Carta Magna es una necesidad impostergable. Ojalá logremos concientizar a la mayoría de nuestros conciudadanos y lleguemos a consensuar los temas esenciales e incorporarlos en una nueva constitución.
Ingeniero