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El mundo desarrollado en deuda con Latinoamérica


En las décadas de los sesenta y setenta, no menos de una docena de pensadores, investigadores sociales y económicos, entre ellos algunos forjadores de la llamada escuela o teoría de la dependencia, con justa razón y sobrados argumentos, acotaban que el crecimiento y el desarrollo de la Europa capitalista y de los Estados Unidos, en su fase conocida como la del capital originario; se debió en gran parte, a la condición de granero y exportadora de metales a la cual fue sometida nuestra región de Latinoamérica, fenómeno por el cual también transitaron los hermanos africanos.

A precios actuales, resulta imaginable, a cuanto pudiera ascender, las riquezas, que a sangre y fuego, le fueron expoliadas a estos continentes, proceso este de enajenación salvaje, que inhibió toda posibilidad temprana de relaciones capitalistas, dejando consigo toda una secuela de miseria de nuestra población. Con justa razón, se sostiene hoy que Europa y los Estados Unidos siguen teniendo pendiente honrar las facturas propias de una relación que la conquista y la colonia relegó a un plano de perversa explotación.

Los tiempos han cambiado y la historia si bien gira en forma espiral, lo hace sobre la base de que el mundo ha cambiado; ya no existen las colonias y los países graneros sumisos, sin embargo pese a ello, se reeditan formas modernas de expoliación de nuestro recursos, y hoy vemos cómo en forma inaudita, algunos denominados nuevos eje del desarrollo centran sus apetitos voraces hacia nuestro países; buscando oro, cobre , agua y otros minerales, para repuntar sus economías. Son otros tiempos y aspiramos, que tales relaciones que se construyen a partir de esta realidades se manejen en un plano de mayor equidad y desarrollo social, evitando la voracidad salvaje, que no respeta la vida, la población y su entorno existencial. Esta es la filosofía con que deben conducirse los estados y sus administradores, es decir primero la nación, su gente y su habitad. No perdamos de vista que si hoy el planeta expone indicios graves de deterioro, lo es precisamente por esa insaciable búsqueda de riqueza, que en su camino tritura, cual trapiche humano, a todo aquél que se le cruce en el camino. Estamos frente a una contradicción, nación vs. minería, que debe resolverse pensando en los intereses de nuestro país y territorio.

Se trata de un compleja contradicción, que debe trasuntar los escenarios del diálogo, el debate y la sensatez. A fin de cuenta el cobre, el oro, el agua y otros minerales nos pertenece a todos y somos nosotros los que debemos decidir cómo vamos a entrar a negociar y bajo qué condiciones. Me resisto a aceptar que nuestra América sigue siendo la sangrada, las de las venas abiertas. Dignidad sobre todo.