El mundo está poblado por el salvajismo
Las salvajadas gobiernan el mundo, prevalecen en el mundo, atrofian el mundo. Lo cruel es que todavía no hay educación que despunte un cambio, que sea capaz de acrecentar ese cambio, que ponga de moda el ser un buen ciudadano del mundo. Necesitamos una ciudadanía más educada, mejor cultivada en las virtudes, mucho más civilizada, que deje de descender a la servidumbre y tome la libertad de ser una persona que no está en venta por nada ni para nadie. Para mayor desgracia del planeta, y de todos los que habitamos en él, a estas alturas de la globalización todavía la educación no se ha universalizado, y muchos niños y jóvenes se quedan fuera del ámbito educativo. Otros, por el contrario, que si tienen acceso a la educación, un privilegio que injerta distinción de clases, tampoco le sirve para mucho a la hora de comportarse en la sociedad como personas iluminadas.
No es posible avanzar hacia sociedades más humanas sin una educación en valores, con políticas educativas sectarias a la orden del gobierno de turno, que pasa de la escucha de las familias, de las asociaciones representativas sociales. Tenemos, pues, en el planeta lo que vamos gestando, fruto de sistemas educativos que para nada cuentan con el pleno desarrollo de la personalidad humana en cuanto al respeto a los demás, a los derechos y libertades de la ciudadanía.
El mundo precisa con urgencia sociedades educadoras, no vengativas, y para ello es fundamental, educar en la diversidad a niños y jóvenes, ir más allá de la mera instrucción de conocimientos. Hay que premiar los valores de convivencia, el orgullo de la propia identidad, las lenguas como comprensión. Para ello, hace falta mejorar el activo de la educación, sobre todo en el ambiente de acogida y apoyo en los primeros años de vida, que es cuando se establecen las bases madurativas y neurológicas del desarrollo. Por consiguiente, resulta imprescindible que existan escuelas cercanas, con docentes preparados y aulas suficientes que garanticen el acceso a la educación.
El salvajismo del mundo va a continuar creciendo en la medida que aumente la pobreza y el desempleo, y la prioridad de la educación para todos se quede en nada. Al fin y al cabo, tenemos lo que nos merecemos.
Considero, asimismo, que el mundo está poblado de salvajismos, porque la educación que los privilegiados reciben, en lugar de abrir las ventanas al mundo, las cierra con criterios de competitividad, rivalidad, enemistad…, o sea, de nula humanidad. En el volante de la maquinaria social lo que impera es el conflicto. Un ciudadano educado es un ciudadano imbécil. Hoy lo que abundan son gentes sin ética, que caminan por el mundo como auténticas bestias salvajes. Tampoco en las escuelas se aprende a vivir juntos, ni se aprende a ser humanos. Lo substancial es dar todos los contenidos del temario, cuando lo transcendente radica en educar desde la escuela la actitud humana de ser persona, y la de respetar a la persona como tal; sin duda, mucho más significativo que las aptitudes. Parece que ha relegado el mundo la idea platoniana que nunca debió abandonar, de que el más importante y principal negocio público es la buena educación de la juventud. Desde luego, los campos del corazón hay que ararlos y mejor cuánto más niño. Las demás instrucciones pasen a segundo plano.
