El neoliberalismo, enemigo de la humanidad
Fue en 1992, cuando Francis Fukuyama, en el marco de la caída del Muro de Berlín ocurrida en 1989, publicó su conocido libro "El Fin de la Historia y el Último Hombre". Se trató de un momento en que los defensores del ultraliberalismo consideraban que, por siempre y para siempre, su visión de una sociedad carente de solidaridad, construida sobre la competencia descarnada entre los individuos, había triunfado. En esa época, sobre la base del "Consenso de Washington, término acuñado en 1989 por John Williamson y utilizado como ideología básica por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial se dirigía, de manera aparentemente imparable, hacia la llamada globalización neoliberal.
Para la corriente principal de los economistas, efectivamente alineados con los intereses del capital monopolista financiarizado, se trataba de una política que, liberando todas las fuerzas del mercado y minimizando el ejercicio de las acciones de política de los Estados, se suponía que podían resolverse prácticamente todos los problemas económicos y sociales de la humanidad.
En un principio, como lo reconoció Stiglitz en su libro "El Malestar con la Globalización" (2002) , las primeras críticas al modelo neoliberal surgieron en los países menos desarrollados, quienes gracias a la imposición de las llamadas políticas de ajuste estructural vieron deteriorados sus niveles de salud y educación, deteriorarse sus condiciones laborales y de seguridad social, al tiempo que sufrían graves procesos de desindustrialización. En los países de menor desarrollo que, gracias a la deslocalización de la producción, lograron cierto nivel de industrialización, esto se hizo sobre la presencia de salarios de miseria, condiciones laborales infrahumanas e intercambio desigual.
Hoy el malestar con la globalización también se hace sentir crecientemente en los países del llamado mundo desarrollado. Esto ha llevado a que el propio Stiglitz haya llamado la atención sobre este hecho en un artículo titulado "La Globalización y sus Nuevos Descontentos" (2016). Como es ampliamente reconocido todo esto se evidencia en el "brexit", el triunfo electoral de Donald Trump, así como en el resultado del último referéndum constitucional de Italia.
Estos hechos innegables han llevado a que una buena parte del último número de la revista "Finance & Development" del FMI esté destinado a reconocer que la globalización neoliberal, si bien ha beneficiado a los altos niveles de ingreso, ha dejado por fuera a una gran parte de la población, convirtiéndolos en perdedores del proceso de globalización. Esta publicación propone, además, que para mantener el modelo se deben introducir políticas de redistribución para compensar a estos perdedores.
Esto, lógicamente, implicaría niveles de impuestos más elevados para los sectores dominantes beneficiarios de la globalización, lo que no parece factible, dado que estos dominan el espectro político. El propio Donald Trump, quien es considerado como un populista antiglobalización, propone una política tributaria destinada a recortar los impuestos de los más ricos. Esto lo hace refugiarse en la fracasada política de la "Economía del Lado de la Oferta", que ha demostrado no tener la capacidad de resolver el problema. La globalización neoliberal se encuentra, entonces, en un callejón sin salida.
Economista