El neoliberalismo persistente
El neoliberalismo, como política vinculada con la plena desregulación de los mercados, la privatización de los servicios y las empresas públicas, así como con la total apertura de las economías hacia el exterior, es un movimiento gestado en el Norte y aplicado al Sur. En términos políticos, el mismo se originó en los gobiernos de Margaret Tatcher y Ronald Reagan y fue impuesto, vía la presión política y financiera, a los países menos desarrollados. Esto obliga a reflexionar sobre el significado de las políticas económicas y sociales que probablemente sean implementadas durante el gobierno de Donald Trump.
A diferencia de quienes, incluso desde posiciones supuestamente progresistas, han querido ver en el triunfo de Trump un punto de inflexión que favorece la desarticulación de las clásicas políticas neoliberales, lo cierto es que la realidad apunta en la dirección contraria. Algunos ejemplos aclaran esto.
En relación con la seguridad social, el Sr. Trump ha designado dentro de su equipo de transición a Michael Korby, quien lideró los fallidos esfuerzos del presidente George W. Bush de privatizar la seguridad social. Teniendo esto en cuenta Paul Krugman, en un artículo titulado "Los asesinos del Medicare", ha denunciado que la administración Trump intentará desmantelar el actual sistema de seguridad social de salud norteamericano, el cual protege a las personas de 65 años y más, generando de esta manera "muchas oportunidades de beneficio privado, obtenidos mediante el desvío de unos fondos que podrían haberse usado para proporcionar asistencia sanitaria". Esto seguramente envalentonará y radicalizará a los sectores económicamente dominantes del país, los cuales buscan dividir en dos partes a la CSS, a fin de que asegurarse el manejo privado de los fondos de la institución y privatizar su prestación de servicios de salud.
La política del Sr. Trump también apunta hacia la privatización de la educación, vía los infames mecanismos de los "vauchers" y las "escuelas "chárter", los cuales tienden a generar un verdadero "apartheid" educativo entre alumnos de distintos estratos sociales. Diane Ravitch, en un artículo recientemente publicado en "The New York Review of Books", llama la atención sobre el hecho de que a principios de septiembre, el Sr. Trump se comprometió a transformar un monto de US$20,000 millones que actualmente se utilizan para financiar la educación pública en un fondo que serviría para financiar la privatización educativa. Esto también va a envalentonar a los dueños de los establecimientos de educación privada en Panamá, quienes han venido promoviendo una política privatizadora.
A esto se debe agregar que la administración norteamericana entrante se ha comprometido con la llamada política del derecho-al-trabajo, la cual pese a su nombre, busca establecer institucionalmente la posibilidad de que las empresas puedan contratar trabajadores con salarios inferiores al mínimo. Esto, como en los casos anteriores, animará a los sectores económicamente dominantes de Panamá a redoblar sus esfuerzos por desmantelar las ya débiles instituciones que protegen a los asalariados. Todo esto significa que los sectores progresistas y democráticos del país debemos prepararnos para derrotar esta nueva embestida de los sectores económicamente dominantes.
Economista