‘El Niño Millón’, la historia olvidada
Corría la postrimería de la década de los años 1950 y en el Registro Civil se estaba a la expectativa de un gran acontecimiento. En el interior de la República muy poca gente dio seguimiento a tales rumores. Sin embargo, en Ocú, provincia de Herrera, el alcalde municipal, Bolívar Octavio (Tabo) Ochoa Relux (q.e.p.d), -en cumplimiento de algunas de sus funciones administrativas- hábilmente reportó que en la lluviosa madrugada del 4 de septiembre de 1958, en la apartada comunidad de Las Flores, de los Llanos de Ocú, había nacido un niño, hijo de Pablo Aisprúa y Florentina Guevara, en manos de la partera, Ruperta Atencio.
El 11 de octubre de ese mismo año -luego de verificar los registros de los nacimientos del mes anterior- se dio el anuncio oficial. Cándido Aisprúa Guevara aparecía en el Registro Civil completando el millón de habitantes de la República de Panamá. La noticia corrió como pólvora, llenando de júbilo a todos los panameños, en especial al pueblo de Ocú, donde con dianas, bombos y platillos se daba inicio a la fiesta nacional.
Por orden del presidente de la República, Ernesto De la Guardia Jr., el niño fue trasladado del campo hacia el hospital Sergio Núñez N. de Ocú, donde fue atendido y preparado por el famoso científico y galeno ocueño, José María Núñez Q. Luego una avioneta, patrocinada por el Gobierno Nacional, trasladaría hacia la capital a la pareja de campesinos con su bebé cholito (“El Niño Millón”).
LA LEY 51 DEL 9 DE DICIEMBRE DE 1958 OTORGABA AL “NIÑO MILLÓN” UN GLOBO DE TERRENO DE 45 HECTÁREAS, UNA CASA PARA QUE VIVIERA CON SU FAMILIA, GASTOS DE ESTUDIOS, INCLUYENDO LA UNIVERSIDAD; ALIMENTOS, MEDICINAS Y ATENCIÓN MÉDICA, HASTA LA MAYORÍA DE EDAD.
La bulliciosa caravana partió del Aeropuerto de Paitilla rumbo al Palacio de Las Garzas, en donde el presidente De la Guardia y su gabinete en pleno esperaban a tan distinguido visitante. El Ejecutivo ordenó el cierre de las oficinas públicas y municipales en la ciudad de Panamá. La gente adornó sus casas y balcones con banderas y lanzaban flores y pétalos desgranados al carro que trasladaba al “Niño Millón”.
Mucha gente compara ese momento de jolgorio nacional con el recibimiento a Roberto Durán cuando le ganó el título mundial de los pesos wélteres a Sugar Ray Leonard, o con el sentimiento patriótico de victoria cuando recibimos el Canal el 31 de diciembre de 1999.
Uno de los que más disfrutó y sacó provecho fue el propio presidente, toda vez que este esperado acontecimiento calmó las tensiones políticas y le dio un respiro al tambaleante gobierno, que estaba a punto de caerse, producto de las revueltas que ocasionó la reforma educativa y el coqueteo de los educadores con los sectores de izquierda, interpretados políticamente como comunistas. El nacionalismo estaba de moda como bandera de lucha y esta coyuntura atizó la llama para que la mejor generación que ha tenido el país dictara las pautas y promoviera un nuevo ordenamiento en las relaciones con los gringos.
La prensa engalanó sus portadas con sendos titulares que despertaron la emoción de un pueblo golpeado por la sucesión de gobiernos oligarcas, sin embargo, a todo el mundo le parecía un gesto noble del destino que este reconocimiento recayera en un ciudadano nacido en uno de los rincones más humildes de la campiña interiorana y, a su vez, un celoso guardián de nuestras tradiciones y reservorio de la identidad nacional.
Ese mismo año el Ejecutivo sancionó la Ley 51 del 9 de diciembre de 1958, que otorgaba al “Niño Millón” un globo de terreno de 45 hectáreas, una casa para que viviera con su familia, gastos de estudios, incluyendo la universidad; alimentos, medicinas y atención médica, hasta la mayoría de edad. Pero nadie le cumplió y tuvo que esperar 47 años para que la administración del presidente Martín Torrijos hiciera justicia y le diera, al menos, la tierra prometida.
Es lamentable que ningún texto oficial de la vida nacional registre este momento histórico del Panamá moderno y pase desapercibido por la desidia de quienes están obligados a conservar nuestra historia, sin importarles quién la haya escrito.
Exhorto al Ministerio de Educación, como entidad rectora de la educación y la cultura, a rescatar este pasaje nacional que llenó de tanto júbilo a todo un pueblo: El nacimiento del panameño que completó el primer millón de habitantes, el 4 de septiembre de 1958, hace 55 años.