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El nuevo Príncipe panameño


Tras ganar con el sesenta por ciento de los votos emitidos, el Presidente no ha dejado de buscar la ampliación de su base de respaldo político. Maquiavelo lo describiría así: promueve el transfuguismo –en perjuicio de adversarios y aliados-, para ampliar el respaldo incondicional a sus proyectos en el recinto legislativo; presiona a alcaldes y representantes para que apoyen localmente su gestión presidencial, hasta que a estos no les queda otra alternativa que nadar con la corriente, pues la discrecionalidad del Ejecutivo en la asignación de fondos para obras comunitarias es total; entrega a la gente dinero en efectivo –en vez de organizar servicios públicos de calidad- , pero lo hace de una manera poco eficiente, con lo que se despilfarran millones de dólares, sin que le importe mucho el preocupante nivel que ya ha alcanzado la deuda pública; amedrenta y persigue a activistas de organizaciones no gubernamentales cuya agenda se atraviesa en el camino de los intereses del mandatario; intimida a medios y a periodistas utilizando los recursos del Estado; desplaza de las posiciones de control a personas que no le son leales y coloca en su lugar a allegados e incondicionales de su gobierno; utiliza medios de comunicación que le son leales para menoscabar a personas u organizaciones que no comparten sus ideas o se oponen a sus decisiones. Buen éxito ha tenido durante un año y medio del ejercicio del poder, lo que se refleja en un nivel favorable de aprobación en las encuestas de opinión. Sin lugar a dudas, el fin justifica los medios.