El ocaso de Silvio Berlusconi
Universalmente, desde el primer día, cualquier político recién elegido inicia su estrategia para ser reelegido en la siguiente contienda; excepto si eres la prenda que Italia tiene actualmente de Primer Ministro.
De este haber consultado con sus similares en escándalos de faldas como los presidentes Clinton o Kennedy estos le hubiesen dicho que el electorado tolera tales excesos –y sin defenestrarlos del solio- solo cuando la economía está por todo lo alto y no por los suelos como está la de Italia, hoy día al punto que su icónica FIAT está contemplando cerrar sus operaciones exclusivamente en su península natal.
Berlusconi, en vez, nos recuerda a muchos aquella ópera de Mozart “Don Giovanni” donde su protagonista se la pasa alardeándose públicamente sus conquistas dentro y fuera de la alcoba al punto que en las próximas semanas el parlamento italiano emitirá su voto de confianza; avizoro que será el otoño de su administración (y el porqué nos madrugaron aquí en Panamá con el máximo nombramiento diplomático a Roma el año pasado o la lumbrera que recientemente tenemos dirigiendo la Procuraduría).
Honestamente, don Silvio está “salao”. De el haber leído sobre el fiasco de Playa Girón (Cuba, 1961) hubiese aprendido -de segunda mano- de que Éxito tiene mil padres mientras que Derrota apesta y es huérfana. Ahora su coalición se está rápidamente desmoronando con el alud de fugas de apoyo. Le acaban de renunciar cuatro miembros de su gabinete, el cofundador de su partido públicamente le lanza acusaciones, perdió recientemente la mayoría en el parlamento, los neo fascistas le hacen abiertamente el vulgar “corte de manga” con los dos brazos, el clero italiano le a quitado su conspicuo apoyo y hasta la comunidad gay no lo quiere ver ni pintado debido a su documentada homofobia.
Parafraseando a San Marcos; ¿De qué le sirvió a Berlusconi intentar por medio de su emporio billonario ganarse el mundo entero perdiendo, mientras tanto, su alma intentándolo? Siempre me ha sido interesante la casta política italiana (aquí y en aquella península) y sus pregones durante campaña vis a vis cuando llegan a ser gobierno. Tengo idea de cómo será el recordado y hasta que dirá su epitafio cuando lo entierren en el panteón de ex presidentes; algo muy diferente a lo que dice la del también italiano Napoleón Buonaparte quien fue realmente un estadista y de luces largas sacando a Europa de la Era Feudal e hizo monarquías temblar al escuchar su nombre. Sí, efectivamente, continuarán óperas sonando en ambiente del Palacio Quirinal en Roma, pero será envés aquella del también teutón de Wagner: Götterdämmerung (“El Ocaso de los Dioses”). Buen salto, Silvio. Ciao.
