El ocaso de un experimento perverso
Desde los Préstamos de Ajuste Estructural, firmados por el régimen militar con el Banco Mundial en la década de los 80 del siglo pasado, pero sobre todo por la política económica aplicada por los supuestos gobiernos democráticos posteriores a la cruenta invasión estadounidense de diciembre de 1989, Panamá ha estado sometido a la llamada política neoliberal. Esta ha significado la apertura indiscriminada hacia el exterior, con la consiguiente desprotección de la producción nacional, acompañada por el intento de un modelo de crecimiento guiado exclusivamente hacia la exportación de servicios comerciales, financieros y de transporte, así como por un crecimiento significativo del endeudamiento externo. A esto se agrega el deterioro de las leyes del trabajo y la seguridad social, que junto a la liberalización de los precios de los bienes básicos y la consecuente inflación de precios, han golpeado duramente a los trabajadores y los sectores medios.
Pese a la presencia del crecimiento económico reciente, la economía panameña sigue mostrando un carácter altamente concentrante y excluyente. En términos de la distribución del ingreso se puede establecer que durante el 2013, el 50% más pobre de la población recibió apenas el 15.8% del total de los ingresos, mientras que el 10.0% más rico se apropió del 39.4% de estos. En relación con la distribución entre salarios y beneficios se observa que entre 1996 y el 2012 la participación de las remuneraciones de los asalariados se redujo del 37.8% del PIB, a tan solo el 30.3% de este agregado económico. Panamá también sufre de un creciente deterioro de sus sistemas públicos de salud, educación, agua potable y seguridad ciudadana, mostrando algunos rasgos que nos acercan a un Estado fallido.
Desde hace algunos años, el modelo también ha moderado su tasa de crecimiento. Es así que mientras en el 2011 y el 2012, la economía todavía creció en 11.6% y 9.2%, respectivamente, solo logró expandirse en 5.8% durante el 2015. En este contexto, vale la pena agregar que la culminación de la ampliación del Canal de Panamá, considerada el supuesto clave para asegurar la expansión, se da en una situación que no es la óptima.
La misma ocurre en el contexto de una clara desaceleración del comercio exterior de bienes, que puede llevar a que los volúmenes efectivos de tránsitos por el Canal sean inferiores a los pronosticados. A esto se suma un costo y una deuda muy superior a la programada, lo que significará un menor excedente disponible para el desarrollo del país. Por otra parte, el impacto de la reciente presión externa de los países dominantes destinada a ajustar las relaciones financieras de Panamá con el mundo globalizado puede poner en crisis a todo el sistema crediticio local. Un ejemplo claro de esto es una situación en que la actual señalización negativa provocada por los "Papeles de Mossack y Fonseca" se exprese en la ausencia de bancos corresponsales en el exterior. Esto bloquearía significativamente las posibilidades del desarrollo del sector logístico, que precisa de los flujos financieros internacionales.
El país debe repensar su modelo de crecimiento. Elementos clave serían la equidad social, la sostenibilidad ambiental y un esquema económico más diversificado, en el que la producción de servicios se acompañe de una eficiente producción agrícola e industrial.
Economista