El odiado taxista “no voy”
Miles de usuarios no quieren saber de ellos, pero utilizan sus servicios porque no tienen opciones.
Alguien decía que Panamá era una de las pocas ciudades del mundo donde los taxistas se dan el lujo de rechazar carreras y tenía razón. Más allá de expresar su famoso y detestable “no voy” se toman ciertas atribuciones como recoger en cada esquina a un pasajero, pasan de selectivos a colectivos (en algunas ocasiones rutas urbanas) bajo la mirada impotente del usuario.
En la congestionada capital, circulan cerca de 20 mil taxis, que trabajan amparados por certificados de operación emitidos por la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre. Lo que significa que están sujetos a cumplir con las condiciones que establezca la autoridad.
La vergonzosa cultura del “no voy” tiene una justificación para muchos taxistas y es que no pueden movilizarse distancias largas porque no es rentable, por lo que prefieren carreras cortas y con tarifas altas.
Ahora, la tarifa se ajusta cerca del 20%. La
ATTT advierte que no hay excusas.
En algunos centros comerciales, algunos solo quieren llevar a turistas, que sin saberlo pagan altas tarifas, solo por rodar unas cuadras. Ese “juegavivo” solo provoca desorden y falta de fidelidad de los usuarios que siempre se quejan de este servicio.
Las autoridades están conscientes de que es un grave problema y ahora están alentando a los usuarios a denunciar en el 311 a estos transportistas. El juego del “no voy” debería acabarse cuando comiencen a aplicar la ley.
La ATTT tiene las herramientas para suspender certificados de operación y hacer operativos encubiertos; sin lugar a dudas, los corrales quedarán llenos de
taxis.
En algún momento el decir “no voy” debe convertirse en una ofensa que tiene consecuencias. Están a tiempo de poner orden.