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El oxímoron del presidente

Por: Redacción 15/10/2014

Existen contradicciones en los términos que son clásicas. Es así, por ejemplo, que muchos consideran, con toda razón, que el llamado crecimiento sostenible es un oxímoron. En Panamá, el presidente de la República y el ministro de Gobierno han creado un nuevo y notable oxímoron, capaz, por su naturaleza, de convertirse en todo un nuevo clásico de los conceptos contradictorios.

Para entenderlo es conveniente repasar el contenido del concepto de privatización, haciendo énfasis en sus diversas variantes. La vía más conocida de privatización es, sin duda, la venta o transferencia de los activos del Estado a manos de la empresa privada. Esta no es, sin embargo, la única manera de hacerlo. Tanto es así que para “The fortune Enciclopedia of Economics”, editada por David R. Henderson, “la privatización es el proceso por medio del cual la producción de bienes y servicios son removidos del sector gubernamental de la economía”, y agrega que “esto ha sido hecho en una variedad de formas que van desde la venta pública de acciones previamente de propiedad estatal a los negocios privados hasta la utilización de empresas privadas para realizar trabajos del Gobierno bajo contrato”.

El hecho, implícito en la definición anterior, de que entregar en concesión bienes públicos para su manejo y lucro privado es una forma de privatización también aparece claramente en la definición del Diccionario de Economía y Finanzas de Tamames y Gallego, para quienes la privatización es la “transferencia de activos o servicios públicos desde los poderes del Estado y otras autoridades al sector privado”. Se trata, además, de un pensamiento que resulta similar al de Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía 2001, quien entiende por privatización “el proceso por medio del cual funciones que previamente eran realizadas por el Gobierno son delegadas en lugar de ello al sector privado”.

Teniendo en cuenta lo anterior, la idea adelantada por el presidente y el ministro de Gobierno, quienes proponen adquirir la empresa Mi Bus, con el fin de entregarla inmediatamente en concesión a los privados resulta ser un verdadero oxímoron, que se podría explicar en la idea de nacionalizar privatizando. Sin embargo, no estamos frente a un simple oxímoron sin mayores consecuencias, producto de la ingenuidad o la ignorancia, se trata, a nuestro juicio, de un efectivo mecanismo de acumulación por desposesión.

En primer lugar, es muy probable que el “acuerdo” con la empresa Mi Bus, dado el contrato vigente, signifique el pago a esta empresa por sus activos y por el llamado lucro cesante, es decir, de sus ganancias potenciales, lo cual implicará la utilización de fondos públicos, que a final de cuentas pagaremos todos los panameños. No se trata, pese a todo, solo de esta afectación, ya que, en segundo lugar, la concesión pasará inmediatamente a uno o unos pocos operadores privados, los cuales terminarán lucrando de los activos públicos. Se trataría, por tanto, de un verdadero acto de acumulación por desposesión, en el que se aprovecha del control del Estado para generar ganancias privadas. Surge una pregunta: ¿se puede asegurar que el nuevo o los nuevos concesionarios no hacen parte de la lista de los donantes de la última campaña política?

En tercer lugar, es claro que cambiar un monopolio privado, como lo es Mi Bus, por otro monopolio privado (un solo concesionario) o, en el mejor de los casos, por un oligopolio privado (unos pocos concesionarios) no va a resolver, como lo sabe cualquier persona con una mínima formación en la ciencia económica, los problemas del pésimo servicio. Simplemente se va a dar una situación en que la renta monopólica va a pasar de unas manos a otras.

En cuarto lugar, detrás de la supuesta operación de nacionalización parece esconderse un intento de privatización ampliada. Esto es claro si se tiene en cuenta que el presidente ha señalado que el metro y Mi Bus deben fundirse en una sola empresa, la cual, como ahora es evidente, dará en concesión a los privados los bienes de estos dos importantes medios de transporte. La deuda pública que está detrás de esto obviamente no se privatizará, por el contrario seguirá la lógica del oxímoron, socializada para que todos los panameños la paguemos.

Se trata, entonces de exigir, una verdadera solución al problema de transporte, que pasa por su efectivo manejo como verdadera empresa pública (municipalizada), la cual esté orientada a ofrecer un servicio eficiente a la población no a servir al deseo del lucro privado. Este sería el verdadero objetivo para quienes pensamos en un Estado democrático al servicio de la población.

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Jueves 6 de agosto de 2026