El pacifismo en nuestro tiempo: esfuerzo para acabar conflictos
Tras la segunda Guerra Mundial, paralelamente al desarrollo de la carrera armamentista, las ideas pacifistas se extendieron por Europa y América. Estas tienen coma base fundamental el simple deseo de vivir en paz y, sobre todo acabar con las guerras.
En su sentido más ortodoxo, cabe señalar que el pacifismo es el esfuerzo tendente a establecer un sistema de instituciones y organizaciones internacionales capaces de solucionar, administrativamente o judicialmente, todo conflicto nacional e internacional.
Evidentemente, resulta maravilloso predicar la paz y aspirar a vivir apartado de toda violencia; pero cuando un tirano decide imponer su voluntad por medio de la fuerza, ¿cómo detenerle? ¿Qué hacer cuando la guerra se dirige contra nuestras ciudades? ¿Podemos permanecer inactivos cuando se intenta encarcelar a personas inocentes y aniquilar a determinados pueblos o a ciertas razas? En estos casos, ¿un pacifista radical, es decir, dispuesto a no utilizar nunca las armas, no supondría militar en la injusticia? ¿No supondría una convivencia con los violentos? En esto, pues, que en modo alguno puede identificarse al auténtico pacifista como un indiferente o el desentendido de los problemas humanos. Ser pacifista supone valorar la paz y la justicia y, por tanto, estar dispuesto a realizar los sacrificios necesarios para su implementación social.
En este sentido, resultan enormemente significativas las conductas de Gandhi en la India y de Martin Luther King en Estados Unidos por la igualdad de la raza de color y otras etnias. Ambos héroes, pacifistas convencidos, fueron también lideres de la lucha a favor de los Derechos Humanos y de la Justicia Social; por ello afrontaron persecuciones y encarcelamientos, arriesgaron sus vidas y, finalmente, fueron asesinados por sus luchas a favor de la verdad que predicaban. Consecuentemente, incluso reconociendo y respetando el inalienable derecho de los objetores de conciencia, es decir, aun aceptando que la objeción de conciencia es un derecho del que nadie nos puede privar, habrá que mantener que existen, también, otras muchas formas de ser pacifistas.
Mientras la injusticia continúe en el mundo y exista gobernantes con mentalidades imperialistas. Alguien deberá encontrarse preparado para impedir que algún día reine en el mundo un terror mayor, que no sólo no permita la objeción de conciencia, sino que, además pisotee la conciencia de la humanidad entera. A este caso rectificar es de sabio dijo el filósofo: Bertrand Russell quien en sus textos sobre el pacifismo afirma que la guerra no debe ser empleada como instrumento de política. Es cierta que aun puede ser empleada la amenaza de guerra, pero sólo por un lunático. Por desgracia, algunas personas lunáticas, y aun no hace algunos años semejantes lunáticos tenia el poder de un país poderoso. No podemos estar seguros de que no vuelva a ocurrir esto y, si ocurriese, producirá un desastre, comparado con el cual los horrores llevados a cabo por Hitler serían como el tamaño de una hormiga.
Las personas cuerdas adaptan sus políticas a las circunstancias para llevarlas a cabo un único propósito. Quienes no trabajan de ese modo son unos insensatos. Apoyemos la paz duradera.
Consultor Independiente y Escritor.