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El país de los subsidios y el gran Gobierno


El Presidente norteamericano Dwight Eisenhower propuso en su época, entre otros monumentales actos legislativos como jefe del Ejecutivo, uno que transformo la cara de su país: “The Federal Highway Act”.

El propósito era construir amplios corredores viales o autopistas que unieran de forma expedita todos los centros urbanos de Estados Unidos, permitiendo a sus ciudadanos contar con una mejor calidad de vida que les facilitara trasladarse desde lugares muy distantes hasta sus hogares de una manera segura y rápida.

Hay pocos ejemplos tan palpables de la utilización por parte de un gobernante, de políticas públicas que reviertan de forma totalmente práctica los impuestos que pagan los contribuyentes.

No tengo un ejemplo local de esa magnitud a la mano. Pero si abundan los ejemplos de subsidios, o mejor dicho, de innecesarias políticas de derroche de dinero del Estado en programas paternalistas por parte de todos los gobiernos de nuestra historia republicana.

Desde el Presidente Belisario Porras para acá, es difícil encontrar en algún gobernante posterior una obra similar que tenga tal incidencia en la población durante largos períodos de tiempo como fue la de él. Parece que hay una urgencia por convertir al Estado en un regente municipal ineficiente.

Todo se resuelve con un subsidio, por lo visto. El de la gasolina, el del tanque de gas, el de la electricidad, el de los buses y taxis, el de la harina, la red de oportunidades, el cien a los setenta, la beca universal, ahora vienen el metro y el metro bus, etc. Derecha, socialdemócratas, militares, civiles, todos miran como primera solución los famosos subsidios. ¿Sabe qué es un subsidio? No es más que utilizar dinero de sus impuestos para “resolver” un problema que tiene otra solución pero que políticamente la misma no se traduce en votos para el partido gobernante.

Por otro lado, en proporción a la población de Panamá, nuestro aparato gubernamental tiene un tamaño colosal. Es paquidérmico y con tendencia a promover la corrupción a todos lo niveles.

Hay que entender que si queremos ver más medicinas, médicos y enfermeras en nuestros hospitales, más escuelas, mejores carreteras y mantenimiento para las mismas, lo correcto es reducir gradualmente el tamaño del gobierno.

Gastar miles de millones de dólares en planilla permanente y sobre todo cientos y cientos de contratos, no ayuda a balancear un presupuesto de gastos que se enfoque en reducir la pobreza, combatir la inequidad, la falta de adecuada infraestructura en nuestras ciudades y campos, el mejoramiento y modernización de la educación. En fin, politiquería contra administración responsable del Estado.

Por todo lo anterior cada vez importa más quienes nos gobernarán y no solo quien es el candidato a Presidente.

*Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos.