El país ideal
La mala distribución de la riqueza es quizás uno de los retos más grandes de este y los próximos gobiernos. Existe un alto porcentaje de la población que todavía vive en condiciones deplorables y en extrema pobreza.
Dejando a un lado la política y los discursos repletos de demagogia de algunos candidatos, es justo reconocer que la pobreza solo se puede combatir con educación.
Los indicadores que miden la economía del país son claros y reflejan una realidad que no se puede negar. Panamá es el país con mejores perspectivas de crecimiento de la región, incluso su desempeño lo coloca entre las economías más fuertes de América.
La generación de empleos bien remunerados y la inversión extranjera no han sido un problema en los últimos años, por el contrario, cada día más empresas internacionales se instalan en Panamá.
Existen plazas de empleo con buenos salarios, sin embargo, el personal capacitado es limitado, lo que obliga a contratar mano de obra extranjera.
Es obligación del Estado poner a disposición de los ciudadanos un sistema de educación de calidad, no obstante, es responsabilidad de la sociedad aprovechar este sistema.
Es por eso que de nada sirve que exista un sistema educativo accesible si los padres de familia no envían a sus hijos a recibir educación. O si permiten que los jóvenes y niños abandonen los estudios.
La pobreza se combate con formación en el hogar y disciplina en los planteles educativos.
Si la población pobre no hace el esfuerzo por educarse, no servirán todos los programas sociales que se destinan cada año a reducir este problema.
Las probabilidades de conseguir un trabajo bien remunerado aumentan con la preparación académica del ciudadano. Esa es la realidad.