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El Pakistán necesita nuestra ayuda de inmediato


De pie bajo un cielo plomizo en el Pakistán el pasado domingo, vi un mar de sufrimientos. Las inundaciones han arrasado miles de pueblos y aldeas. Carreteras, puentes y casas en todas las provincias del país han quedado destruidas.

Desde el cielo, vi miles de hectáreas de fértiles tierras de cultivo, la esencia de la economía pakistaní, sumidas en la marea ascendente. Sobre el terreno, encontré gente aterrorizada, que vive con el temor constante de no poder alimentar a sus niños ni protegerlos contra la próxima ola de crisis: la propagación de la diarrea, la hepatitis, el paludismo y, la enfermedad más mortal, el cólera.

La magnitud del desastre casi desafía la comprensión humana. En todo el país, se estima que han sido afectadas entre 15 y 20 millones de personas. Esa cifra es superior a la del conjunto de todas las poblaciones azotadas por el tsunami del Océano Índico y el terremoto de Cachemira en 2005, el ciclón Nargis de 2007 y el terremoto de este año en Haití. Al menos una superficie de 160,000 kilómetros cuadrados está bajo el agua, aproximadamente el equivalente del Estado de Nueva York.

¿Por qué el mundo ha tardado en comprender la dimensión de esta calamidad? Tal vez porque no se trata de un desastre apropiado para las transmisiones de televisión, con un impacto repentino y rescates espectaculares. Un terremoto puede acabar con decenas de miles de vidas en un instante, en un tsunami, ciudades enteras y sus poblaciones se desvanecen en un segundo. Por el contrario, se trata de una catástrofe en cámara lenta, que se agrava con el tiempo. Y está lejos de terminar.

Es por eso que las Naciones Unidas ha hecho un llamado de emergencia para la obtención de 460 millones de dólares. Esa cifra equivale a menos de 1 dólar por día por persona para mantener con vida a 6 millones de personas durante los próximos tres meses, incluidos 3.5 millones de niños.

El jueves 19 de agosto la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió para intensificar nuestros esfuerzos colectivos. Si actuamos ahora, podrá aún evitarse una segunda oleada de muertes causadas por enfermedades transmitidas por el agua. Numerosos organismos de las Naciones Unidas, grupos internacionales de ayuda como la Cruz Roja/Media Luna Roja y otras organizaciones no gubernamentales han estado apoyando al Gobierno del Pakistán para afrontar la emergencia. Este es un comienzo, pero se necesita un impulso masivo. Acompañemos al pueblo del Pakistán en cada paso del largo y difícil camino que tiene por delante.