El papa en Brasil
Pocas veces un pontífice se desenvuelve en un escenario global tan lleno de convulsiones políticas y sociales como el arribo del papa Francisco a Brasil. Sin embargo, contra viento y marea, y presumiblemente desoyendo consejos de la seguridad del Vaticano, en una decisión que muestra el férreo perfil de su liderazgo religioso, el papa Francisco aterrizó en una nación erosionada por la estabilidad económica y credibilidad del gobierno del Partido de los Trabajadores que es el centro de protestas y tensiones sin antecedentes cercanos.
En la fecha que Brasil tramitó la invitación, Benedicto XVI ocupaba el trono pontificio y no se habían desencadenado las manifestaciones de disconformidad contra el gobierno de Dilma Rousef. Aunque las condiciones políticas de Brasil han cambiado de la benevolencia a la acritud, el papa Francisco hace honor a la trascendente cita en tierra americana.
5,000 efectivos de la policía y fuerzas militares se desplegarán en la adopción de medidas de seguridad para proteger al pontífice y los invitados extranjeros en el cumplimiento del programa de la Jornada Mundial de la Salud en ciudades brasileñas. Difícil, sumamente difícil es la responsabilidad que asume el régimen brasileño de proteger al máximo prelado de la Iglesia romana católica sin que ningún hecho fortuito, de cualquier origen o tendencia, empañe la misión del papa Francisco destinada a la evangelización de los jóvenes del mundo.
El mensaje del papa tiene como destino todos los jóvenes del mundo. A los jóvenes afroamericanos conmocionados por un fallo que declaró no culpable a un vigilante de piel blanca que mató a quemarropa a un estudiante sin antecedentes policiales. A los jóvenes españoles, indignados y estupefactos, por las inculpaciones de sobornos a los más altos cargos gubernamentales. A los jóvenes mexicanos acorralados entre la espalda y la pared por la violencia homicida del narcotráfico. En suma, a las generaciones de relevo del planeta que anhelan un nuevo mundo de paz y justicia.
A todos ellos, y también a los adultos mayores del mundo, el papa Francisco deberá explicar la situación financiera del Estado del Vaticano y las investigaciones que ha ordenado para limpiarlo de viejas lacras. Sin que desfallezca el timbre de su voz, el sumo pontífice deberá informar sobre el combate interno que libra en el Vaticano para eliminar de raíz la abominable pederastia; el desarraigo de las tácticas de ocultar bajo la alfombra los descaecimientos clericales que escarnecen el celibato, la castidad y desfiguran pecaminosamente la doctrina de Jesucristo.
El papa Francisco ha tomado severas decisiones para que los clérigos descarriados sean juzgados por leyes penales ordinarias. Ha llegado al solio papal para luchar contra las fuerzas del mal en su casuística secular innumerable. Se inspirará en el evangelio de San Marcos para decirles a los jóvenes de diferentes puntos: “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura”. Tal es la trascendencia de las palabras que emitirá el papa para el mundo aprovechando su visita a Brasil.