El papa en Jerusalén
La imagen del papa Francisco Bergoglio abrazado a un rabino y un jeque en el Muro de las Lamentaciones conmocionó el mundo por el mensaje de paz y tolerancia que encierra para las tres religiones. Mitigando las diferencias que en el pasado dividieron a cristianos, judíos y musulmanes, el pontífice encareció que abran sus corazones y su mente para entender al otro, y situó la figura del patriarca Abraham como ejemplo, dado que las tres religiones lo reconocen como padre de la fe.
Luego, en una reunión con rabinos askenazis y sefarditas, Francisco invocó trabajar unidos contra el antisemitismo: “El conocimiento recíproco de nuestro patrimonio espiritual, la valoración de lo que tenemos en común y el respeto en lo que nos separa podrán marcar la pauta para el futuro desarrollo de nuestras relaciones, que ponemos en las manos de Dios”.
Aunque breve en el tiempo, la gira del papa fue rica y extensa en contenidos ideológicos y políticos. Se entrevistó con el presidente de Israel, Simon Peres, y el primer ministro de Palestina, Abbas, y, en ambas reuniones, abogó por el reconocimiento mutuo de judíos y palestinos. Fue directo al corazón de la controversia diplomática al exhortar a los musulmanes al reconocimiento oficial del Estado de Israel y a los judíos al reconocimiento del Estado de Palestina.
Algunos analistas internacionales manifiestan que el papa Francisco logró una constructiva distensión en las relaciones de Israel y Palestina como no han logrado los dirigentes en muchos años de mediación internacional.
De retorno al Vaticano declaró que el celibato sacerdotal no es un dogma de fe, con lo que introdujo la posibilidad de una revisión teológica y civil de una prohibición centenaria. Aunque no lo mencionó en forma explícita, la revisión del celibato está conectada al problema de los sacerdotes acusados de abusos sexuales contra estudiantes. Historiadores y teólogos rastrean los textos bíblicos para investigar si el celibato fue tratado por los patriarcas y Cristo y qué rumbo trazaron al respecto.
La Iglesia católica abortó el espinoso asunto en el Concilio español de Elvira, reunido entre 295 y 302 d.C., en el que dictaminó que a obispos, sacerdotes y diáconos les estaba prohibido contraer matrimonio y tener hijos. Sin embargo, la vigencia o suspensión del celibato continuó desencadenando debates en otros concilios, como los de Nicea, Ancira, Neo Cesarea y otros. El cristianismo oriental divergió del occidental en este como en otros puntos, lo que ahondó la división gestada en la partición del Imperio romano.
Resulta prematuro conocer si el debate sobre el celibato, que conlleva el voto de castidad, para sacerdotes y monjas puede desembocar en la convocatoria de un nuevo concilio. Pero la postura aperturista de Francisco ya movió las aguas tranquilas del Vaticano en asuntos que históricamente constituyeron un tabú, pero que pueden ser encaradas. Martín Lutero se casó con una monja, lo que abrió la puerta para que diversas ramas de protestantes, anglicanos y evangelistas asumieran el matrimonio como algo normal en los seres humanos.
Grupos de sacerdotes católicos de diversas latitudes reclaman el fin del celibato. Recientemente, el papa Francisco recibió una carta firmada por mujeres que tienen hijos de sacerdotes en la que solicitan que sus parejas afronten las responsabilidades inherentes a los padres de familia. No se puede negar que Francisco pasará a la historia como un renovador.